“Ser Madre y Padre a la Vez”, una realidad venezolana.

Ser Madre sin el Padre, es una tarea dura y muy común en la sociedad venezolana. Realidad que se pone mucho más pesada por la situación económica actual. Lo ideal es que un niño venga al mundo en el seno de una familia constituida, según la voluntad de Dios (formada por el Papa y la Mamá). La figura de ambos es irremplazable en la vida de los Hijos. Tristemente, por lo que implica el modelo divino de familia, pero gracias a Dios, son muchas las Madres que han salido adelante con su familia sin la presencia del padre. Ejemplo de abnegación y entrega, de gran sacrificio y dedicación.

El concilio Plenario Venezolano, fruto de un minucioso estudio de la realidad indica que en Venezuela predomina la familia matricentrada. “Esta modalidad de familia está constituida en su estructura interna por la madre y sus hijos; la madre, y no la pareja, es el centro de todos los vínculos, y funciona tanto en sectores populares como en sectores de clase media o alta. Aunque en términos generales es común en todo el país, no es uniforme y hay diferencias según las regiones”. (Iglesia y Familia, 4).

Esta realidad data desde remotos tiempos históricos y ha llegado a convertirse en un componente cultural. “En el seno de la familia matricentrada se forma un tipo de mujer y de varón profundamente marcados por la función de madre y la función de hijo, respectivamente. La mujer, desde niña, aprende a percibirse e identificarse con la función materna, así como el varón se forma e identifica como hijo, con las dificultades psicológicas y culturales para su identificación con la función de padre y ejercer a plenitud la paternidad. Igual dificultad existe en la mujer para permitir en el varón el ejercicio de esa paternidad, favoreciendo así el machismo” (Ibíd. 6). “Por otra, esta realidad ha favorecido a la transmisión de los valores de la fe, y ha forzado una identidad cultural que da especial relevancia a lo afectivo, la acogida, la capacidad de llegar a acuerdos, a la comprensión y solidaridad; a lo relacional por encima de lo individual, lo que conlleva grandes dosis de sacrificio” (Ibíd. 11).

La mujer y su hijo abandonados a su suerte por un papá ausente son tan antiguos como el mundo y siempre ha representado el RETO de cómo ser mamá y papá a la vez, sin dañar al hijo ni a una misma en una tarea tan extenuante.

Para la especialista en psicología clínica Pilar Sordo, esta misión dual implica un desgaste emocional para la madre, además de requerir de ésta una entrega afectiva que supla, de alguna forma, las carencias paternas. “La madre debe empezar a ser padre-madre con muchos costos emocionales en el proceso. Ella debe aprender a colocar límites y dar afecto, además de darse tiempo para ella con el fin de recuperar fuerzas en tal difícil tarea”, advierte Sordo.

Ser padre: un rol irremplazable.

Si bien una mujer puede esforzarse y cumplir con total entrega la función de padre-madre, Pilar Sordo afirma que la figura paterna es irremplazable.

“Se puede ser papá y mamá a la vez pero no se pueden reemplazar los roles. Ella va a tener que integrar lo femenino y lo masculino dentro de sí misma y de esa manera sí podrá ejecutar ambos roles, pero no reemplazará la persona ausente. Siempre hace falta un padre y siempre hace falta una madre. Si el papá está ausente ojalá haya otros adultos significativos varones que “reemplacen” la ausencia, puede ser un abuelo, tíos u otros adultos varones que muestren sus variables masculinos”, subraya la especialista y autora del libro “Viva la diferencia”.

Otro aspecto relevante en esta experiencia madre-hijo, ocurre cuando el niño crece y pregunta por qué no tiene papá cuando sus amigos sí lo tienen. Pilar Sordo recomienda siempre ir con la verdad por delante, evitar dar una visión negativa del papá ausente y jamás transmitir al hijo las frustraciones ni rencores.

“El niño a lo largo de su vida irá asimilando la imagen real de su padre. Pero ojalá que esa imagen que el propio hijo se formó de su padre no esté deformada ni contaminada por los rencores y los problemas de los adultos, que nada tienen que ver con el desarrollo emocional de los niños”, indica la psicóloga.

Mama feliz, niño feliz.

Los daños o heridas que un niño pueda sufrir ante esta realidad dependen de cómo haya vivido la madre la resolución de su propio conflicto y de cuánto “endosó” esa madre su historia personal a su niño. Una madre que dio vuelta la página y sanó sus propias heridas sin transmitir rencores a su hijo permitirá un desarrollo más positivo del niño. Por el contrario -explica Sordo- una madre amargada que no ha resuelto su conflicto y que no ha perdonado a esa parte de la historia, influirá negativamente en su hijo y le será muy difícil ejercer bien el rol de madre y de padre.

Por último la especialista subraya que las mujeres que viven la maternidad sin el padre son claves en el desarrollo psicológico de su hijo. “Su madre será el gran pilar de su desarrollo, sobre todo cuando el hijo ve a su madre feliz y realizada con su vida, sus sueños y su hijo”.

En el Plan de Dios, la Familia tiene un papel fundamental, y en ella el rol del Papa y la Mama. Finalizamos nuestra reflexión con la letra de esta hermosa canción:
“Que marido y mujer de rodillas contemplen sus hijos,
y que por ellos encuentren la fuerza de continuar.
Y que en su firmamento la estrella que tenga más brillo,
pueda ser la esperanza de paz y certeza de amar”

 

Pbro. Ender Moissant.
Fuente: psicologiayelser.blogspot.com y Documento Iglesia y Familia del Concilio Plenario de Venezuela.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *