Homilía, Ordenación Diaconal del Acólito José Quintero

26 de mayo de 2017.

A escasos ocho meses de mi llegada a esta diócesis, me apresto hoy a imponer las manos para ordenar de diácono a José Ignacio, quien se dispone a profundizar en su entrega a esta porción del rebaño del señor. Es la primera, de unas cuantas que vendrán, con el ardoroso deseo de proveer por todos los sectores y parroquias de los pastores necesarios para esparcir de manera segura la semilla del evangelio y continuar la labor de mis predecesores en esta querida tierra apureña. Hoy precisamente, estamos a la vez, admitiendo como candidatos al diaconado permanente a este grupo de laicos comprometidos, que continuarán reforzando la atención a nuestros fieles. Resuenan en nuestros oídos la palabra de Jeremías transmitiendo ese calor y ánimo que vienen del mismo Dios: ánimo yo te elegí desde el seno materno, te consagré profeta. No tengas miedo, porque el Señor está contigo para librarte. Según las normas canónicas, entras como clérigo a formar parte de esta familia sacerdotal e integrar en poco tiempo el colegio presbiteral que sirve a este pueblo apureño, con sacrificio y entrega generosa.

Te agradezco mucho tu disposición de venir a acompañarme, en esta misión encomendada por el Santo Padre Francisco, pudiendo incluso permanecer en México donde estabas puliendo tu formación. Rápidamente te integraste a esta comunidad y has dado muestra de recta intención y espíritu de Servicio. Efectivamente, estás diciendo hoy solemnemente al Señor, que lo amas por encima de toda circunstancia y que estás a su total disposición para pastorear el rebaño, deseoso del frescor del evangelio.

Y todos Ustedes, queridos fieles, sigan orando fuertemente al Señor, para que siga cuajando, en apetitoso fruto las vocaciones que están casi en su punto y que nos dará la alegría de entregarles a la vuelta de un año, cuatro nuevos sacerdotes, que nos permitirán llenar las vacantes de la parroquias que en este momento están sin su pastor propio. El señor nos conceda el regalo de que pronto todas las parroquias tengan su párroco. Pero para ello, es necesario la constante oración y el apoyo a la obra del Seminario. Nos cubra con su manto maternal la Santísima Virgen María y la intercesión de nuestro patrono diocesano, San Fernando Rey para que cada día crezcamos en fe y amor a Dios y a los Hermanos. Que nuestra Patria se enrumbe por senderos de de paz y de progreso para todos.

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