¿Quién es el Espíritu Santo?

Los padres no siempre tiene claro cómo explicar el Espíritu Santo y la Trinidad.

 

LA PREGUNTA DE JOSEPH, 6 AÑOS.

Joseph ojea su pequeña Biblia ilustrada. De repente, se para en una imagen en la que se ve a Jesús elevarse en el aire. Intrigado, le pide a su padre que le ayude a descifrar la frase que se lee debajo: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros. (…)” (Hechos 1: 8). Y entonces, este fan de Samsam, el pequeño héroe cósmico, le pregunta a su padre: “¿Cuál es su fuerza? ¿Quién es el Espíritu Santo?”.

Trinidad.

Como padres, aparte de algunos recuerdos de catequesis, no lo solemos tener muy claros los conceptos del Espíritu Santo y la Trinidad. Y, frecuentemente, evitamos hablar de ello con nuestros hijos.

¿Entonces, cómo definirlo? Podemos empezar con el relato de Pentecostés, donde se dice que “los apóstoles quedaron llenos del Espíritu Santo”. Así, el niño puede comprender que el Espíritu no se ve. ¡Se siente! Múltiples metáforas marcan los relatos de la Biblia describiendo sus cualidades: el agua viva y pura que lava; el fuego ardiente que calienta pero también enciende y purifica; la paloma que es símbolo de paz; finalmente, el viento fuerte que empuja y puede llevárselo todo o el soplo ligero que vivifica.

Estos últimos son los más familiares para el niño, que conoce el viento ligero que le mueve el cabello o el viento de tormenta que hace girar muy deprisa los aerogeneradores. Pero, más allá de estas metáforas, la verdadera dificultad es abordar la Trinidad.

El amor “hecho” persona.

¿Cómo comprender que un Dios único sea, sin embargo, tres? Jesús no deja de referirse al Cielo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). A pesar de ello, ¡Jesús no se considera el Padre! Dios no está en soledad. El padre Jean-Noël Bezançon escribe: “Jesús es absolutamente uno en Dios pero también a su lado, como frente a él, en esa distinción que permite compartir, la comunión. Lejos de suprimir la unidad, la distinción es la condición de la posibilidad de la comunión”.

Podemos explicar al niño esta comunión-amor que circula entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, mediante un enfoque más existencial de la Trinidad. Cuando un hombre y una mujer se aman, hacen entrar en su relación a una tercera “persona”: el amor. El Espíritu sería el vínculo vivo de la relación entre Dios Padre y su Hijo. El amor entre ellos “hecho” persona. Jesús nos invita a vivir esta “circulación” de amor, cuando promete a sus discípulos: ¡Estaré con vosotros siempre!”

A pesar de esta promesa, los apóstoles tienen miedo y se esconden. La puerta de la casa está cerrada y sin embargo el Espíritu desciende sobre ellos. ¡El Espíritu de Jesús está entonces en el corazón de cada uno! Como los apóstoles, “prendidos desde el interior”, los niños, cuando se quedan en silencio, pueden notar en ellos ese soplo de vida que vendría de otra parte, como una presencia discreta de Dios. Ayudar a los niños a prestar atención a este aspecto es también una forma de iniciarlos en el descubrimiento del Espíritu Santo.

EN LA BIBLIA.

La fuerza del Espíritu Santo (según las Escrituras de los Apóstoles 2: 1-8)

Al final de los cincuenta días de la Pascua judía, los apóstoles estaban reunidos. De pronto, una violenta ráfaga de viento invade la casa. Lenguas que parecían de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo. Entonces, los apóstoles, llenos de energía, salieron de la casa para anunciar la Buena Nueva. Pues bien, había allí judíos de todas las naciones de la tierra. Todos hablaban idiomas diferentes, sin embargo, todos entendían a los apóstoles. Estupefactos y maravillados, se preguntan: “¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es posible que cada uno de nosotros les oye hablar en nuestra lengua materna?” El Espíritu Santo transforma a los apóstoles desde el interior: estaban agazapados por el miedo y súbitamente, “llenos del Espíritu Santo”, han tenido el valor de salir para dar testimonio de la Resurrección de Jesús. Como decía Mons. Patrick Le Gal, cuando era obispo en los ejércitos: “Todo se dice en ese relato para que comprendamos que “el Espíritu” recibido por los apóstoles no es una fuerza exterior, aunque los agite fuertemente, es una fuerza interior, es decir, una capacidad para superar las adversidades y las contradicciones, para persistir a lo largo del tiempo en los compromisos, para enfrentarse a las tentaciones (…)”.

 

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