¿Es posible salvar una relación en la que hay maltrato psicológico?

El arrepentimiento no es suficiente: es necesaria una verdadera voluntad de cambio y curación de las heridas

El maltrato psicológico es una conducta perversa y destructiva que ejerce un miembro de la pareja sobre el otro, de mayor vulnerabilidad. Las conductas de maltrato psicológico se producen en relaciones asimétricas, en las que uno se sitúa por encima del otro dominándolo, y éste otro progresivamente pierde su sentido de libertad.

Es muy importante tener claro este principio: que se trata de una conducta perversa que no debe ser tolerada. ¿Cuál es el problema? Pues que de hecho, esta violencia psicológica, que es progresiva, se produce porque desde el principio de la relación, la parte abusada no supo detectar ni poner límites al maltrato, sino que se ha visto cada vez más envuelta en una espiral de destrucción.

Cuando hay maltrato, son dos las personas que tienen problemas: la persona maltratadora y la persona maltratada. El maltratador puede tener algún tipo de enfermedad mental, pero en la mayoría de los casos, suele ser víctima de heridas emocionales profundas de las que quizás ni es consciente: muchas veces ha sido objeto de maltrato en su infancia.

Con frecuencia el maltratador viene de una historia pasada, muchas veces desde su niñez, en la que el estilo de relación familiar era tóxico. Las personas repiten, reproducen lo que han vivido en sus años de edad evolutiva, a veces incluso sin ser conscientes de ello.

Estas personas no gozan de buenas bases afectivas por diversas circunstancias, y por ello, son incapaces de amar en un contexto de verdadera libertad y afecto.

Normalmente, un maltratador actúa en tres fases con su víctima: una fase de tensión creciente (suscitada por la acumulación diaria de tensiones causadas por situaciones conflictivas), una fase de explosión (la acumulación y represión de tensiones se concentra en un solo momento, cuando la persona estalla emocionalmente, por medio de actos violentos o agresiones físicas, verbales, emocionales o sexuales) y una fase de remordimiento (el agresor se excusa por sus actos y reconoce la agresión perpetrada; salvo que la culpa daña a su autoestima, y esto facilita el reinicio de estas tres fases cíclicas).

Los tipos de maltrato y las etapas están ligadas a síntomas claros de trastorno de personalidad por parte del agresor, y con el tiempo, la víctima se va debilitando psicológicamente, entrando a formar parte de alguna manera de esos mismos trastornos.

El agresor se arrepiente, promete no hacerlo más, pero es sólo un arrepentimiento temporal, pues no está curada la causa de su comportamiento.

Entonces, es muy importante tener claro: una persona que maltrata a otra tiene un trastorno conductual y afectivo, y necesita ayuda profesional. El arrepentimiento no es suficiente: es necesaria una verdadera voluntad de cambio y de curación de las heridas.

Ante alguien que tiende a maltratar, hay que actuar: Los gritos no deben ser permitidos en la relación, y el silencio no es siempre la mejor respuesta. Ciertamente ante golpes, violencia física o sexual, la reacción debe ser firme y si el caso lo requiere, de denuncia.

Quien se comporta de este modo una vez, puede volver a hacerlo. Los abusadores raramente cambian por sí mismos, pues se trata de un perfil de personalidad con rasgos psicológicos muy bien definidos, y que forman parte del estilo de vida.

Consecuencias del maltrato psicológico en la víctima

El maltrato psicológico erosiona profundamente a la víctima, que se ve cada vez más incapaz de defenderse y de salir del problema.

Suele suceder así: en una primera fase del maltrato se resiste, pero con el tiempo acaba cediendo ante el agresor. Intenta encontrar explicaciones lógicas a lo que sucede, busca el diálogo con el agresor para encontrar soluciones. Sin embargo, el diálogo no es posible, ya que el maltratador no está dispuesto a ello. Entonces, la víctima procura adaptarse a las demandas del agresor, para evitar conflicto y satisfacerlo. Se siente confundida por la dualidad que ejerce el agresor hacia ella y por su modo sinuoso de actuar.

Este tipo de comportamientos crea en la víctima una serie de consecuencias psicológicas típicas del perfil del maltratado. Se empieza por cuestionar la propia forma de ser, tratando de justificar al maltratador y dudando de la validez del propio comportamiento personal. Esto lleva al desarrollo de sentimientos de inferioridad por parte de la víctima y a la tendencia a la dependencia emocional.

Una situación de maltrato psicológico prolongado puede tener implicaciones muy negativas en la psicología y estilo de vida de la víctima. Aumenta la tensión y el estrés con efectos colaterales como fatiga, trastornos de sueño, nerviosismo e irritabilidad, dolores de cabeza, trastornos digestivos y de ansiedad, hasta llegar a la depresión, sintiéndose incapaz de defenderse o cambiar esta situación.

Evidentemente, con el tiempo se van perdiendo también las relaciones sociales, predominando los sentimientos de dejadez, apatía, desánimo, desinterés, como resultado de la gran inseguridad en sí mismos y del aumento de la dependencia afectiva y sentimiento de culpa con todo lo que se hace.

Qué hacer en caso de agresividad en la pareja

Partimos del principio de que el maltrato, sea emocional, psicológico o físico, no hay que permitirlo nunca. Por esto mismo, una vez detectado, hay que reaccionar, por respeto a nosotros mismos y en defensa de los hijos.

El primer paso es dejar de maltratarme a mí mismo. Aceptar el maltrato es aceptar un estado grave de injusticia humana. Los sentimientos personales de culpa son un error peligroso. Nadie merece ser maltratado.

Cuando no nos sentimos capaces de cambiar una situación, lo mejor es buscar y pedir ayuda. La propia familia, amigos cercanos, un psicólogo competente y de confianza. Hay que hablar del tema y nunca callar el dolor que se siente dentro. Esto significa que se ha aceptado que hay un problema, y que no necesariamente la causa es la víctima.

Recordemos que el maltrato emocional tiene sus raíces en la niñez, tanto por parte del maltratador como de la víctima que no reacciona.

Otro paso importante es reconocer que el maltrato es un tema de dos. Toca a la víctima, que está dentro de esa relación, tomar la iniciativa para delimitar con claridad los límites de lo que esta sucediendo y reaccionar para no permitir lo que nunca debería ser permitido.

Es importante tocar el tema con la pareja de manera serena y clara, y si esto no fuera posible, proceder con los consejos que hemos mencionado precedentemente (ayuda familiar, ayuda psicológica, denuncia civil de los comportamientos sufridos).

Cuando el maltratador busca realmente cambiar, lo demuestra con hechos, da la disponibilidad para una terapia de pareja, muestra un arrepentimiento sincero de su comportamiento. Si esto no sucediera y los comportamientos de maltrato continúan, es hora de plantearse la posibilidad de una separación que garantice la vida de la víctima y de los hijos. Un maltratador no tiene derecho a destruir la vida de los demás.

 


Artículo realizado en colaboración con Javier Fiz Pérez, Psicologo, profesor de Psicología en la Universidad Europea de Roma, delegado para el Desarrollo Científico Internacional y responsable del Área de Desarrollo Científico del Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP).

Publicado en Aleteia.org

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