El Papa: que los procesos eclesiásticos no sean mera burocracia

En el discurso de apertura del año civil de la Rota Romana, el Papa Francisco destacó la centralidad de la conciencia. El Sínodo ha escuchado a los fieles que después de varios años de silencio se han dirigido a la Iglesia «para tener la paz de sus conciencias»

La «estrecha conexión entre el ámbito de la conciencia y el de los procesos matrimoniales» exige que se evite que «el ejercicio de la justicia sea reducido a un mero fin burocrático». Es lo que aconsejó el Papa a los miembros del Tribunal de la Rota Romana, a quienes, en ocasión de la solemne inauguración del Año Judicial, Francisco dirigió un discurso sobre la «centralidad de la conciencia», en el que, entre otras cosas, volvió a hablar sobre el doble Sínodo sobre la familia y sobre su exhortación apostólica “Amoris laetitia”, para subrayar que ha madurado «la urgente necesidad de escucha, por parte de los Pastores de la Iglesia, de las instancias y de la espera de los fieles a los cuales les han restituido la propia conciencia muda y ausente por largos años y en seguida, han sido ayudados por Dios y por la vida a reencontrar un poco de luz, dirigiéndose a la Iglesia para obtener la paz de sus conciencias».

«Hoy me gustaría reflexionar con ustedes sobre un aspecto cualificante de su servicio judicial, es decir sobre la centralidad de la conciencia, que es, al mismo tiempo, la de cada uno de ustedes y la de las personas de cuyos casos se ocupan», comenzó el Papa. Según la declaración de nulidad o de validez del lazo matrimonial, «ustedes se ponen, en cierto sentido, como expertos de la conciencia de los fieles cristianos. En este papel, ustedes están llamados a invocar incesantemente la asistencia divina para para realizar con humildad y mesura la difícil tarea confiada por la Iglesia, manifestando así la conexión entre la certeza moral, que el juez debe alcanzar ex actis et probatis, y el ámbito de su conciencia, noto únicamente al Espíritu Santo y por Él asistido».

El ámbito de la conciencia, subrayó Jorge Mario Bergoglio, fue muy importante para «padres de los últimos dos Sínodos de los Obispos, y ha resonado de manera significativamente en la Exhortación apostólica post-sinodal “Amoris laetitia”. Esto ha derivado – precisó el Pontífice – de la conciencia que el Sucesor de Pedro y los Padres sinodales han madurado a cerca de la urgente necesidad de escucha, por parte de los Pastores de la Iglesia, de las instancias y de la espera de los fieles a los cuales les han restituido la propia conciencia muda y ausente por largos años y en seguida, han sido ayudados por Dios y por la vida a reencontrar un poco de luz, dirigiéndose a la Iglesia para obtener la paz de sus conciencias».

El Sínodo y “Amoris laetitia”, prosiguió, «tuvieron un proceso y un objetivo obligados: ¿cómo salvar a los jóvenes del estruendo y del ruido ensordecedor de lo efímero, que los lleva a renunciar a asumir compromisos estables y positivos para el bien individual y colectivo. Un condicionamiento que calla la voz de su libertad, de esa íntima celda (precisamente la conciencia) que solo Dios ilumina y abre a la vida, si se le permite entrar».

«¡Cuán urgente y preciosa es la acción pastoral de toda la Iglesia para recuperar, salvaguardar, custodiar una conciencia cristiana, iluminada por los valores evangélicos!», exclamó Francisco. «Será una empresa larga y nada fácil, que exige que los obispos y presbíteros obren indefensamente para iluminar, defender y sostener la conciencia cristiana de nuestra gente».

Francisco subrayó además que «la voz sinodal de los padres obispos y la posterior exhortación apostólica “Amoris laetitia” garantizaron de esta manera un punto primordial: la necesaria relación entre la “regula fidei”, es decir la fidelidad de la Iglesia al magisterio intocable sobre el matrimonio, así como sobre la Eucaristía, y la urgente atención de la Iglesia misma a los procesos psicológicos y religiosos de todas las personas llamadas a la elección matrimonial y familiar». Francisco recordó su esperanza, expresada en varias ocasiones, de que se dé un «catecumenato matrimonial».

Sin embargo, el cuidado de las conciencias «no puede ser un empeño exclusivo de los Pastores, sino que, con responsabilidad y diferentes modalidades, es misión de todos, ministros y fieles bautizados», dijo el Papa citando la invitación de Pablo VI a evitar «los extremismos opuestos», y es necesario «favorecer un estado de catecumenato permanente», con la aportación, en relación con la unión matrimonial, de los obispos y de los sacerdotes, pero también «de otras personas comprometidas en la pastoral, religiosos y fieles laicos corresponsables en la misión de la Iglesia».

«Queridos jueces de la Rota Romana», concluyó el Pontífice, «la estrecha relación entre el ámbito de la conciencia y el de los procesos matrimoniales de los cuales cotidianamente se ocupan, exige que se evite reducir el ejercicio de la justicia a un mero fin burocrático. Si los Tribunales eclesiásticos cayeran en esta tentación, traicionarían la conciencia cristiana. Es por ello que, en el procedimiento del “processus brevior” establecí no solo que sea más evidente el papel de vigilancia del Obispo diocesano, sino también que él mismo, juez nativo de la Iglesia que se le ha encomendado, juzgue en primera instancia los posibles casos de nulidad matrimonial. Debemos impedir –precisó el Papa– que la conciencia de los fieles en dificultad por cuanto se refiere a su matrimonio se cierre a un camino de Gracia. Este objetivo se alcanza con un acompañamiento pastoral, con el discernimiento de las conciencias y con la obra de nuestros Tribunales. Esta obra debe desarrollarse en la sabiduría y en la búsqueda de la verdad: sólo así la declaración de nulidad produce una liberación de las conciencias».

 

Nota: Vatican Insider.

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