¡Sagrado Corazón de Jesús: purifica, ilumina y unifica a todos los Venezolanos!

¡Sagrado Corazón de Jesús: purifica, ilumina y unifica a todos los Venezolanos!

Ya próxima la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, compartimos con nuestros usuarios este articulo, publicado en Aciprensa con el titulo “Corazón de Jesús Purifica, Ilumina y Unifica”, escrito por Bertrand de Margerie S.J.

Después de leerlo, hagamos oración.

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Ricoeur mostró que ciertos símbolos ponen nuestros pasados, nuestra infancia misma, como nuestro presente al servicio de nuestra búsqueda de beatitud(1). Para el teólogo Charles Bernard,(2) las oportunidades del simbolismo en espiritualidad residen, ante todo, en sus potencialidades de expresión y de intregración. Ya en el siglo IV, un autor neo platónico, Jamblico decía: “El poder inexplicable de los símbolos nos permite acceder a las cosas divinas”. Hemos visto en el capítulo precedente la importancia del simbolismo en el culto al Corazón de Jesús, lo que nos prepara a precisar su rol terapéutico.

En el conjunto, moralmente unánime, de las culturas humanas, el corazón no connota y no simboliza la interioridad de la persona humana si no connota a la vez al pecado(3), el sufrimiento y la compasión. El Corazón traspasado de Jesús, manifestando su amor herido, evoca al pecado del mundo expiado por Él en su compasión por los pecadores. Simboliza inseparablemente la acción –voluntaria – de su oblación espiritual, como la Pasión amante que ofreció al Padre en expiación por nuestros pecados, lo mismo que su plenitud de compasión hacia nosotros pecadores. Jesús hace suyas las heridas sufridas por los hombres pecadores. Las resumió conociendo y amando a sus hermanos.

Esta universal encarnación psicológica(4) esta, de hecho, ligada con la inhumación ontológica y física. En las profundidades de su Corazón amante, Jesús, durante su Agonía y su Pasión, transfiguró y transformó las heridas infligidas a los corazones humanos por el odio, en el curso de la historia, en una oblación sacrificial.

Mediante la Encarnación, Dios se revela. El Concilio Vaticano II, profundizó magníficamente nuestro comprensión de la Revelación precisando que Dios se comunicó, no solamente en palabras, sino también en actos(5). Prolonguemos este pensamiento, reconociendo que de hecho las palabras y las acciones de Cristo pre-pascual habrían sido inútiles para su obra de Revelador sin sus sufrimientos físicos y sobre todo morales. La pasión de Jesús es la modalidad suprema de su revelación. Crux Christi, suprema cátedra Revelatoris.

La Cruz de Cristo reveló a los seres humanos, a menudo odiosos y desventurados, que el eterno, bienaventurado e impasible Hijo de Dios pudo, quiso sufrir efectivamente en su interioridad humana para manifestar su amor. Especialmente en su Corazón traspasado y como Señor crucificado, Jesucristo es, siguiendo la expresión  de Vaticano II, la plenitud de la Revelación(6).

La conciencia moral del Corazón de Jesús suscita la adhesión a su Mensaje, iluminando y unificando las libertades humanas en la elaboración de sus “proyectos de vida”.

A través de su amor sensible, especialmente, el Corazón de Jesús transfigura la vía purgativa. Porque el culto ofrecido a s Corazón sitúa la lucha contra las tentaciones, los vicios y los pecados en el horizonte de una reparación amante, de un amor desinteresado y lleno de gratitud respecto del salvador. Ayuda a percibir los valores contenidos en la mortificación y la abnegación. Jesús es visto como inseparablemente Creador, Modelo, Mediador, Intercesor, Abogado, Juez, Remunerador y Salvador. La contemplación de su Justicia y de sus exigencias de Legislador jamás ha estado separada de su divina ternura, misericordia y Bondad: “Considera pues la bondad y la severidad de Dios; severidad hacia aquellos que han caído, y hacia ti bondad, en tanto permanezcas en esa bondad” (Rm 11, 2).

En esta vía purgativa, un rol especial es reservado a las imágenes del Corazón de Cristo, que es la Imagen por excelencia de la Bondad del Padre invisible (Col 1, 15). Las imágenes prolongan y manifiestan, de acuerdo a la doctrina católica, la Encarnación del Verbo-Hijo-Imagen con miras a la Redención de las imágenes humanas convertidas en desemejantes(7). Las imágenes del Corazón coronado par las espinas de nuestros pecados, llevando en sí mismo, desde su concepción, la cruz de nuestra salvación, plantada en su profundidad humana y divina, nos recuerdan constantemente el pensamiento de Pablo: “Me amó y se entregó por mí” (Ga 2, 20), es decir, me amó de un modo sensible y sufriente.

Espinas, cruz, Corazón traspasado: símbolos que ayudan al bautizado a ser siempre más plenamente imagen semejante de la única Imagen. Facilitan al psiquismo superior el señorío sobre la angustia causada por la perspectiva de las consecuencias futuras de los pecados pasados. Esa imágenes recuerdan a nuestras imaginaciones, pero también a nuestras inteligencias que nuestro Dios es un Dios “de ternura y de gracias, que castiga la falta hasta la tercera y cuarta generación” (Ex 34, 6 sq). Si sus castigos sugieren lo serio del pecado, su misericordia indefinida manifiesta, especialmente, su paciencia infinita.

Mostrándonos el Corazón traspasado y sufriente de Cristo, esas imágenes abren a nuestros corazones a una lucha amante y eficaz contra nuestros vicios y nos preparan a recibir el beneficio de su Perdón y de su acción a través del Sacramento de la Reconciliación penitente, especialmente por medio de la Hora Santa de Compasión a su Agonía (Cf. Mt 26, 4: “No han podido velar una hora conmigo”). Mediante ese Sacramento y esas imágenes, el Corazón del Sanador de la humanidad cura los recuerdos heridos e hirientes de nuestras infancias y aun del conjunto de nuestras vidas.

De manera semejante, el culto privado y público del Corazón de Dios hecho hombre transfigura nuestro ejercicio de las virtudes morales, iluminadas por su actuar y por sus ejemplos. Él mismo es la vía que ilumina nuestro caminar virtuoso hacia el Padre y hacia la imitación de sus perfecciones: la Vía luminosa e iluminadora.

El culto tributado al amor humano y divino de Jesús por el mundo fortifica sin cesar el coraje necesario para mantener y cumplir el “proyecto espiritual”(8) en el contexto de las heridas infligidas al hombre moderno por una civilización industrial y post industrial que tiende a despersonalizarlo y a alienarlo, reduciéndolo al nivel de un objeto de mercancía.

El culto del Corazón de Cristo viene aquí en auxilio de la persona, ayudándolo a cultivar su propia identidad: el “Yo” humano es un sujeto que ha sido amado en su pasado, es actualmente amado y sabe que lo será por Aquél cuyo amor domina y unifica el pasado, el presente y el futuro. La permanente y creciente consciencia de estar envuelto por este Amor trascendente facilita la imitación de las virtudes que Él mismo ejerció durante su vida terrestre, inclusive que hasta el pasado  tiende a sumergir el pasado. Porque el sujeto humano encuentra en su relación con el Corazón de Cristo la fuerza y el dinamismo queridos para preparar y desafiar el porvenir. Ve en Él un maestro de confianza y de amor audaz.

En esta vía iluminativa, la imitación de Cristo es inseparablemente testimonio rendido a Cristo, bajo la influencia del Espíritu de Verdad y de las gracias sacramentales de la confirmación. Por medio de ellas, el Espíritu del Corazón de Jesús habla de Él, actúa por Él, suscita el deseo de ofrecerle los sufrimientos y las alegrías de la vida cotidiana.


1 Cf. P. Ricoeur, De l’interpretation, París 1965, p. 478: “los mismos símbolos son portadores de dos vectores; representan nuestra infancia, exploran nuestra vida adulta. Sumergiéndose en nuestra infancia y haciéndola revivir sobre el modo onírico es que representan el proyecto de nuestras posibilidades propias sobre el registro de lo imaginario. Esos símbolos auténticos son regresivos-progresivos.”

2 Ver C. Bernard, “La fonction symbolique en espiritualité”, Nouvelle Revue Théologique., 95 (1973), 1119-1136, especialmente 1131-1135; del mismo autor, Théologie affective, París, 1984, Ch. VII.

3 Cf. Mc. 7,6 y 21 -22; VTB, art. coeur

4 J.M. Le Blond, “Influence de la Réparation… sur la vie psychique de l ‘homme”, Cor Jesús, Roma, 1959, t. II, P. 369. “La atención cristiana pasó de la admiración delante de la encarnación ontológica a la encarnación psicológica”, del cuerpo físico a las emociones de Cristo

5 Vaticano II, constitución, dei verbum §2.

6 Ibid; cf Hc XXXX1, 1-2.

7 Cf. Santo Tomás de Aquino, Suma de Teología I, 34 y 35.

8 C. Bernard, Le projet spirituel, Université Grégorienne, Roma, 1970.

Traducido del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa

La Santísima Trinidad. ¡No es una Virgen! ¡Es Dios en su intimidad y en su relación con nosotros!

La Santísima Trinidad. ¡No es una Virgen! ¡Es Dios en su intimidad y en su relación con nosotros!

No falta quien crea que que la Santísima Trinidad es una advocación de la Virgen María. La Santísima Trinidad es Dios mismo.

Sobre la Santísima Trinidad podemos hablar de dos categorías: Trinidad Inmanente y Trinidad Económica. Trinidad Inanente es lo que la Santísima Trinidad es en si misma: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, tres personas en un solo Dios. La Trinidad Económica es cuanto hablamos de la Santísima Trinidaden relación con los hombres, la Economía de la Salvación: todos los hechos reveladores de la Santísima Trinidad para con  nosotros y su modo de obrar la salvación en nuestras vidas.

Copiamos aquí un artículo de Giulio Maspero, publicado originalmente el 21 de Noviembre de 2012.

1. La revelación del Dios uno y trino.

«El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» ( Compendio, 44). Toda la vida de Jesús es revelación del Dios Uno y Trino: en la anunciación, en el nacimiento, en el episodio de su pérdida y hallazgo en el Templo cuando tenía doce años, en su muerte y resurrección, Jesús se revela como Hijo de Dios de una forma nueva con respecto a la filiación conocida por Israel. Al comienzo de su vida pública, además, en el momento de su bautismo, el mismo Padre atestigua al mundo que Cristo es el Hijo Amado (cfr. Mt 3, 13-17 y par.) y el Espíritu desciende sobre Él en forma de paloma. A esta primera revelación explicita de la Trinidad corresponde la manifestación paralela en la Transfiguración, que introduce al misterio Pascual (cfr. Mt 17, 1-5 y par.).

Finalmente, al despedirse de sus discípulos, Jesús les envía a bautizar en el nombre de las tres Personas divinas, para que sea comunicada a todo el mundo la vida eterna del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cfr. Mt 28, 19).

En el Antiguo Testamento, Dios había revelado su unicidad y su amor hacia el pueblo elegido: Yahwé era como un Padre. Pero, después de haber hablado muchas veces por medio de los profetas, Dios habló por medio del Hijo (cfr.Hb 1, 1-2), revelando que Yahwé no sólo es como un Padre, sino que es Padre (cfr. Compendio, 46). Jesús se dirige a Él en su oración con el término arameoAbbá, usado por los niños israelitas para dirigirse a su propio padre (cfr. Mc14, 36), y distingue siempre su filiación de la de los discípulos. Esto es tan chocante, que se puede decir que la verdadera razón de la crucifixión es justamente el llamarse a sí mismo Hijo de Dios en sentido único. Se trata de una revelación definitiva e inmediata [1], porque Dios se revela con su Palabra: no podemos esperar otra revelación, en cuanto Cristo es Dios (cfr., p. ej., Jn 20, 17) que se nos da, insertándonos en la vida que mana del regazo de su Padre.

En Cristo, Dios abre y entrega su intimidad, que de por sí sería inaccesible al hombre sólo por medio de sus fuerzas [2]. Esta misma revelación es un acto de amor, porque el Dios personal del Antiguo Testamento abre libremente su corazón y el Unigénito del Padre sale a nuestro encuentro, para hacerse una cosa sola con nosotros y llevarnos de vuelta al Padre (cfr. Jn 1, 18). Se trata de algo que la filosofía no podía adivinar, porque radicalmente se puede conocer sólo mediante la fe.

2. Dios en su vida íntima.

Dios no sólo posee una vida íntima, sino que Dios es –se identifica con– su vida íntima, una vida caracterizada por eternas relaciones vitales de conocimiento y de amor, que nos llevan a expresar el misterio de la divinidad en términos de procesiones.

De hecho, los nombres revelados de las tres Personas divinas exigen que se piense en Dios como el proceder eterno del Hijo del Padre y en la mutua relación –también eterna– del Amor que «sale del Padre» (Jn 15, 26) y «toma del Hijo»( Jn 16, 14), que es el Espíritu Santo. La Revelación nos habla, así, de dos procesiones en Dios: la generación del Verbo (cfr. Jn 17. 6) y la procesión del Espíritu Santo. Con la característica peculiar de que ambas son relaciones inmanentes, porque están en Dios: es más son Dios mismo, en tanto que Dios es Personal; cuando hablamos de procesión, pensamos ordinariamente en algo que sale de otro e implica cambio y movimiento. Puesto que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza del Dios Uno y Trino (cfr. Gn 1, 26-27), la mejor analogía con las procesiones divinas la podemos encontrar en el espíritu humano, donde el conocimiento que tenemos de nosotros mismos no sale hacia afuera: el concepto que nos hacemos de nosotros es distinto de nosotros mismos, pero no está fuera de nosotros. Lo mismo puede decirse del amor que tenemos para con nosotros. De forma parecida, en Dios el Hijo procede del Padre y es Imagen suya, análogamente a como el concepto es imagen de la realidad conocida. Sólo que esta Imagen en Dios es tan perfecta que es Dios mismo, con toda su infinitud, su eternidad, su omnipotencia: el Hijo es una sola cosa con el Padre, el mismo Algo, esa es la única e indivisa naturaleza divina, aunque sea otro Alguien. El Símbolo del Nicea-Constantinopla lo expresa con la formula «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero». El hecho es que el Padre engendra al Hijo donándose a Él, entregándole Su substancia y Su naturaleza; no en parte, como acontece en la generación humana, sino perfecta e infinitamente.

Lo mismo puede decirse del Espíritu Santo, que procede como el Amor del Padre y del Hijo. Procede de ambos, porque es el Don eterno e increado que el Padre entrega al Hijo engendrándole y que el Hijo devuelve al Padre como respuesta a Su Amor. Este Don es Don de sí, porque el Padre engendra al Hijo comunicándole total y perfectamente su mismo Ser mediante su Espíritu. La tercera Persona es, por tanto, el Amor mutuo entre el Padre y el Hijo [3]. El nombre técnico de esta segunda procesión es espiración. Siguiendo la analogía del conocimiento y del amor, se puede decir que el Espíritu procede como la voluntad que se mueve hacia el Bien conocido.

Estas dos procesiones se llaman inmanentes, y se diferencian radicalmente de la creación, que es transeúnte, en el sentido de que es algo que Dios obra hacia fuera de sí. Al ser procesiones dan cuenta de la distinción en Dios, mientras que al ser inmanentes dan razón de la unidad. Por eso, el misterio del Dios Uno y Trino no puede ser reducido a una unidad sin distinciones, como si las tres Personas fueran sólo tres máscaras; o a tres seres sin unidad perfecta, como si se tratara de tres dioses distintos, aunque juntos.

Las dos procesiones son el fundamento de las distintas relaciones que en Dios se identifican con las Personas divinas: el ser Padre, el ser Hijo y el ser espirado por Ellos. De hecho, como no es posible ser padre y ser hijo de la misma persona en el mismo sentido, así no es posible ser a la vez la Persona que procede por la espiración y las dos Personas de las que procede. Conviene aclarar que en el mundo creado las relaciones son accidentes, en el sentido de que sus relaciones no se identifican con su ser, aunque lo caractericen en lo más hondo como en el caso de la filiación. En Dios, puesto que en las procesiones es donada toda la substancia divina, las relaciones son eternas y se identifican con la substancia misma.

Estas tres relaciones eternas no sólo caracterizan, sino que se identifican con las tres Personas divinas, puesto que pensar al Padre quiere decir pensar en el Hijo; y pensar en el Espíritu Santo quiere decir pensar en aquellos respecto de los cuales Él es Espíritu. Así las Personas divinas son tres Alguien, pero un único Dios. No como se da entre tres hombres, que participan de la misma naturaleza humana sin agotarla. Las tres Personas son cada una toda la Divinidad, identificándose con la única Naturaleza de Dios [4]: las Personas son la Una en la Otra. Por eso, Jesús dice a Felipe que quien le ha visto a Él ha visto al Padre (cfr. Jn 14, 6), en cuanto Él y el Padre son una cosa sola (cfr. Jn10, 30 y 17, 21). Esta dinámica, que técnicamente se llama pericóresis ocircumincesio (dos términos que hacen referencia a un movimiento dinámico en que el uno se intercambia con el otro como en una danza en círculo) ayuda a darse cuenta de que el misterio del Dios Uno y Trino es el misterio del Amor: «Él mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en Él» (Catecismo, 221).

3. Nuestra vida en Dios.

Siendo Dios eterna comunicación de Amor es comprensible que ese Amor se desborde fuera de Él en Su obrar. Todo el actuar de Dios en la historia es obra conjunta de la tres Personas, puesto que se distinguen sólo en el interior de Dios. No obstante, cada una imprime en las acciones divinas ad extra su característica personal [5]. Con una imagen, se podría decir que la acción divina es siempre única, como el don que nosotros podríamos recibir de parte de una familia amiga, que es fruto de un sólo acto; pero, para quien conoce a las personas que forman esa familia, es posible reconocer la mano o la intervención de cada una, por la huella personal dejada por ellas en el único regalo.

Este reconocimiento es posible, porque hemos conocido a las Personas divinas en su distinción personal mediante las misiones, cuando Dios Padre ha enviado juntamente al Hijo y al Espíritu Santo en la historia (cfr. Jn 3, 16-17 y 14, 26), para que se hiciesen presentes entre los hombres: «son, sobre todo, las misiones divinas de la Encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo las que manifiestan las propiedades de las personas divinas» (Catecismo, 258). Ellos son como las dos manos del Padre [6] que abrazan a los hombres de todos los tiempos, para llevarlos al seno del Padre. Si Dios está presente en todos los seres en cuanto principio de lo que existe, con las misiones el Hijo y el Espíritu se hacen presentes de forma nueva [7]. La misma Cruz de Cristo manifiesta al hombre de todos los tiempos el eterno Don que Dios hace de Sí mismo, revelando en su muerte la íntima dinámica del Amor que une a las tres Personas.

Esto significa que el sentido último de la realidad, lo que todo hombre desea, lo que ha sido buscado por los filósofos y por las religiones de todos los tiempos es el misterio del Padre que eternamente engendra al Hijo en el Amor que es el Espíritu Santo. En la Trinidad se encuentra, así, el modelo originario de la familia humana [8] y su vida íntima es la aspiración verdadera de todo amor humano. Dios quiere que todos los hombres sean una sola familia, es decir una cosa sola con Él mismo, siendo hijos en el Hijo. Cada persona ha sido creado a imagen y semejanza de la Trinidad (cfr. Gn 1, 27) y está hecho para vivir en comunión con los demás hombres y, sobre todo, con el Padre Celestial. Aquí se encuentra el fundamento último del valor de la vida de cada persona humana, independientemente de sus capacidades o de sus riquezas.

Pero el acceso al Padre se puede encontrar sólo en Cristo, Camino, Verdad y Vida (cfr. Jn 14, 6): mediante la gracia los hombres pueden llegar a ser un solo Cuerpo místico en la comunión de la Iglesia. A través de la contemplación de la vida de Cristo y a través de los sacramentos, tenemos acceso a la misma vida íntima de Dios. Por el Bautismo somos insertados en la dinámica de Amor de la Familia de las tres Personas divinas. Por eso, en la vida cristiana, se trata de descubrir que a partir de la existencia ordinaria, de las múltiples relaciones que establecemos y de nuestra vida familiar, que tuvo su modelo perfecto en la Sagrada Familia de Nazareth podemos llegar a Dios: «Trata a las tres Personas, a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo. Y para llegar a la Trinidad Beatísima, pasa por María» [9]. De este modo, se puede descubrir el sentido de la historia como camino de la trinidad a la Trinidad, aprendiendo de la “trinidad de la tierra” –Jesús, María y José– a levantar la mirada hacia la Trinidad del Cielo.

 

Giulio Maspero
Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012

 
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[1] Cfr. Santo Tomás de Aquino, In Epist. Ad Gal., c. 1, lect. 2.

[2] «Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios» (Compendio, 45).

[3] «El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo; “procede del Padre” ( Jn 15, 26), que es principio sin principio y origen de toda la vida trinitaria. Y procede también del Hijo (Filioque), por el don eterno que el Padre hace al Hijo. El Espíritu Santo, enviado por el Padre y por el Hijo encarnado, guía a la Iglesia hasta el conocimiento de la “verdad plena” (Jn 16, 13)» (Compendio, 47).

[4] «La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo» (Compendio, 48).

[5] «Inseparables en su única sustancia, las divinas Personas son también inseparables en su obrar: la Trinidad tiene una sola y misma operación. Pero en el único obrar divino, cada Persona se hace presente según el modo que le es propio en la Trinidad» ( Compendio, 49).

[6] Cfr. San Ireneo, Adversus haereses, IV, 20, 1.

[7] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 43, a. 1, c. y a. 2, ad. 3.

[8] «El “Nosotros” divino constituye el modelo eterno del “nosotros” humano; ante todo, de aquel “nosotros” que está formado por el hombre y la mujer, creados a imagen y semejanza divina» (Juan Pablo II, Carta a las familias, 2-II-1994, 6).

[9] San Josemaría, Forja, 543.

 

 

“Eliminar el comercio de armas”, es la intención del Papa en Junio.

“Eliminar el comercio de armas”, es la intención del Papa en Junio.

Durante el mes de Junio de 2017 el Papa Francisco nos invita a orar “por los responsables de las naciones, para que se comprometan con decisión a poner fin al comercio de las armas, que causa tantas víctimas inocentes”.

“Aunque el campo de investigación de este documento sea limitado (trata sólo de las así llamadas armas convencionales o clásicas), creemos que de todas formas pons e el dedo en una de laheridas más graves de la humanidad, que es al mismo tiempo la más abierta y la más oculta de nuestra época. El comercio de armas ha existido en todos los tiempos y en todos los continentes; y a causa de su evolución constante, se manifiesta hoy día tan amplio y tan complejo, que requiere de una clara y exigente reflexión.

Frecuentemente, a nivel ecuménico, las Iglesias particulares ya han realizado estudios apropiados para sus países, pero se quedan sin futuro a causa de la resistencia encontrada. Estas páginas quieren señalar que el problema — por su carácter internacional — afecta a todos los países en su conjunto, y no podrá encontrarse una verdadera solución sin una acción común, en donde las responsabilidades de los Estados proveedores y las de los Estados acreedores se entrelacen mutuamente. Nuestra tierra jamás había conocido tantos conflictos armados, alimentados por la proliferación y adquisición banal de armas, cuyo tráfico comercial y cínico evade cualquier consideración moral. Auguramos que este documento suscite una nueva movilización de las energías creadoras de paz, sobre todo entre los hombres con responsabilidades políticas. Diseminar las armas a los cuatro vientos, es exponerse a cosechar la guerra en su propia tierra; y ¿qué Estado osaría correr un tal riesgo? El verdadero sendero de la paz en el mundo es aquel en donde la comunidad internacional avance decididamente, estructurando la organización de su seguridad común y la búsqueda de un desarme controlado.

El Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa, que entró en vigor en 1992, fijaba topes máximos para cinco categorías de armas, y exigía la destrucción o, en un limitado número de casos, la conversión a usos civiles, de las armas existentes en cantidades superiores a dichos topes. Sin embargo, el mecanismo de reducción de dichas armas acaba apenas de ponerse en marcha, y transcurrirán años antes de que el material militar al que se refiere el Tratado sea destruido. No obstante estas numerosas incertidumbres y complejidades, se ofrecen actualmente nuevas oportunidades para enfrentar directamente el problema de la transferencia de armas.

Entre otras cosas, se está manifestando en distintas partes del mundo una alentadora tendencia al establecimiento o a la consolidación de regímenes democráticos, lo cual crea una buena base para fortalecer las relaciones pacíficas en el interior de los Estados y fomentar la confianza recíproca. También parece afianzarse un espíritu de colaboración entre Estados mediante la creación o el fortalecimiento de agrupaciones de Estados a nivel regional. Igualmente, y a pesar de todas las dificultades que ello pueda entrañar, los gobiernos están más dispuestos a dirigirse a las grandes organizaciones internacionales para hacer frente, conjuntamente, a los problemas internacionales en que se debaten. La guerra no es la solución de los problemas políticos, económicos o sociales. « Nada se resuelve con la guerra es más, todo queda seriamente comprometido por la guerra». La guerra representa, en efecto, la decadencia de la humanidad entera.”

(Pontificio Consejo “Justicia y paz”. El comercio internacional de armas. Una reflexión ética).

 

COMENTARIO PASTORAL

Según informa Amnistía Internacional sobre el comercio de armas: “El volumen medio anual del comercio de armas, en los últimos 10 años, se evalúa en 100.000 millones de dólares, incluyendo el llamado material de defensa, equipos para las fuerzas de orden y algunas de las armas deportivas.

La mayor parte de ese comercio (70%) procede de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Entre los 10 primeros fabricantes se encuentran también Alemania, España e Italia.

En todo el mundo casi 500 personas mueren a diario por homicidios con armas de fuego, la mayoría en entornos que no son de conflicto. Al menos 2 millones de personas viven en el mundo con heridas causadas por armas de fuego y 43 millones de personas han tenido que huir de su país por escenarios de guerra. En 17 países los menores soldados son utilizados por fuerzas armadas y otros grupos violentos. El total de venta de armas de las 100 principales empresas suministradoras de armas y servicios militares del mundo (excluida China) aumentó en un 104% entre 2002 y 2013. Y en 2013 alcanzó la cifra de 401.000 millones de dólares. Se calcula que hay 875 millones de armas pequeñas y armas ligeras en circulación en todo el mundo. Las armas permiten la represión y el uso excesivo por parte de las fuerzas de orden.”

Este panorama tan terrible indica que la raza humana todavía está lejos de convivir en paz. Tenemos que rogar al Señor que ponga paz en los corazones de los hombres y mujeres, porque sólo desde un interior pacificado seremos capaces de construir una sociedad donde no haya tanta violencia como la que actualmente atraviesa Venezuela.

Roguemos también por las autoridades, a las que compete sobre todo regular las armas y no usarlas contra los ciudadanos que quieren un país libre, pacífico y democrático. Tanto dinero gastado para la muerte tiene que ser usado para la vida de todos, para la salud y educación, para la creación de empleo, para la cultura y el deporte. Roguemos a Dios que así se haga.

Fco. Javier Duplá sj.

¿Quién es el Espíritu Santo?

¿Quién es el Espíritu Santo?

Los padres no siempre tiene claro cómo explicar el Espíritu Santo y la Trinidad.

 

LA PREGUNTA DE JOSEPH, 6 AÑOS.

Joseph ojea su pequeña Biblia ilustrada. De repente, se para en una imagen en la que se ve a Jesús elevarse en el aire. Intrigado, le pide a su padre que le ayude a descifrar la frase que se lee debajo: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros. (…)” (Hechos 1: 8). Y entonces, este fan de Samsam, el pequeño héroe cósmico, le pregunta a su padre: “¿Cuál es su fuerza? ¿Quién es el Espíritu Santo?”.

Trinidad.

Como padres, aparte de algunos recuerdos de catequesis, no lo solemos tener muy claros los conceptos del Espíritu Santo y la Trinidad. Y, frecuentemente, evitamos hablar de ello con nuestros hijos.

¿Entonces, cómo definirlo? Podemos empezar con el relato de Pentecostés, donde se dice que “los apóstoles quedaron llenos del Espíritu Santo”. Así, el niño puede comprender que el Espíritu no se ve. ¡Se siente! Múltiples metáforas marcan los relatos de la Biblia describiendo sus cualidades: el agua viva y pura que lava; el fuego ardiente que calienta pero también enciende y purifica; la paloma que es símbolo de paz; finalmente, el viento fuerte que empuja y puede llevárselo todo o el soplo ligero que vivifica.

Estos últimos son los más familiares para el niño, que conoce el viento ligero que le mueve el cabello o el viento de tormenta que hace girar muy deprisa los aerogeneradores. Pero, más allá de estas metáforas, la verdadera dificultad es abordar la Trinidad.

El amor “hecho” persona.

¿Cómo comprender que un Dios único sea, sin embargo, tres? Jesús no deja de referirse al Cielo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). A pesar de ello, ¡Jesús no se considera el Padre! Dios no está en soledad. El padre Jean-Noël Bezançon escribe: “Jesús es absolutamente uno en Dios pero también a su lado, como frente a él, en esa distinción que permite compartir, la comunión. Lejos de suprimir la unidad, la distinción es la condición de la posibilidad de la comunión”.

Podemos explicar al niño esta comunión-amor que circula entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, mediante un enfoque más existencial de la Trinidad. Cuando un hombre y una mujer se aman, hacen entrar en su relación a una tercera “persona”: el amor. El Espíritu sería el vínculo vivo de la relación entre Dios Padre y su Hijo. El amor entre ellos “hecho” persona. Jesús nos invita a vivir esta “circulación” de amor, cuando promete a sus discípulos: ¡Estaré con vosotros siempre!”

A pesar de esta promesa, los apóstoles tienen miedo y se esconden. La puerta de la casa está cerrada y sin embargo el Espíritu desciende sobre ellos. ¡El Espíritu de Jesús está entonces en el corazón de cada uno! Como los apóstoles, “prendidos desde el interior”, los niños, cuando se quedan en silencio, pueden notar en ellos ese soplo de vida que vendría de otra parte, como una presencia discreta de Dios. Ayudar a los niños a prestar atención a este aspecto es también una forma de iniciarlos en el descubrimiento del Espíritu Santo.

EN LA BIBLIA.

La fuerza del Espíritu Santo (según las Escrituras de los Apóstoles 2: 1-8)

Al final de los cincuenta días de la Pascua judía, los apóstoles estaban reunidos. De pronto, una violenta ráfaga de viento invade la casa. Lenguas que parecían de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo. Entonces, los apóstoles, llenos de energía, salieron de la casa para anunciar la Buena Nueva. Pues bien, había allí judíos de todas las naciones de la tierra. Todos hablaban idiomas diferentes, sin embargo, todos entendían a los apóstoles. Estupefactos y maravillados, se preguntan: “¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es posible que cada uno de nosotros les oye hablar en nuestra lengua materna?” El Espíritu Santo transforma a los apóstoles desde el interior: estaban agazapados por el miedo y súbitamente, “llenos del Espíritu Santo”, han tenido el valor de salir para dar testimonio de la Resurrección de Jesús. Como decía Mons. Patrick Le Gal, cuando era obispo en los ejércitos: “Todo se dice en ese relato para que comprendamos que “el Espíritu” recibido por los apóstoles no es una fuerza exterior, aunque los agite fuertemente, es una fuerza interior, es decir, una capacidad para superar las adversidades y las contradicciones, para persistir a lo largo del tiempo en los compromisos, para enfrentarse a las tentaciones (…)”.

 

Hacia la incardinación de sacerdotes en los movimientos de la Iglesia.

Hacia la incardinación de sacerdotes en los movimientos de la Iglesia.

El Papa reunió el lunes 29 de mayo a los principales responsables de la Curia Romana para discutir la posibilidad para los movimientos de incardinar directamente a los sacerdotes.

Como lleva haciendo a un ritmo bisanual desde el comienzo de su pontificado, el papa Francisco presidió, el lunes 29 de mayo por la mañana en la Sala Bolonia del Palacio Apostólico del Vaticano, una reunión de los jefes de los dicasterios de la Curia.

La Santa Sede no difundió el contenido de este “consejo de ministros” del Papa, pero, según la web Vatican Insider, el Papa y sus colaboradores consideran, a solo unos días de los 50 años de la Renovación Carismática Católica, la posibilidad para los sacerdotes de ser incardinados directamente por los movimientos.

50 años de la Renovación Carismática Católica:

Actualmente, con motivo de la importante relación con sus obispos, los sacerdotes están vinculados (“incardinados”) a una diócesis o, para los religiosos, a una orden o una congregación de derecho pontificio.

Este vínculo con una diócesis es, a veces, problemático para los movimientos o comunidades carismáticas.

“Se está estudiando ahora la posibilidad de que los sacerdotes sean incardinados también en el seno de las fraternidades sacerdotales internas en los movimientos eclesiásticos laicos”, explica Vatican Insider.

Esta reunión de jefes de dicasterios tiene lugar cuando se van a celebrar, a partir del viernes en Roma, los 50 años de la Renovación Carismática Católica, en el seno de la cual nacieron numerosos movimientos eclesiásticos y comunidades que reúnen a sacerdotes y laicos.

Reunión bisanual de los jefes de dicasterio:

Se trataba del octavo encuentro de jefes de dicasterio que el Papa reúne en su presencia dos veces al año, hacia los meses de mayo y noviembre.

En 2014, el “C9”, el grupo de cardenales encargado de aconsejar al Papa sobre la reforma de la Curia, estableció el principio de tal reunión bisanual de los jefes de dicasterios.

 

Nota Publicada en: Urbi&Orbi

 

Celebramos hoy el día de San Fernando Rey: Fiesta de la Iglesia Diocesana en marcha.

Celebramos hoy el día de San Fernando Rey: Fiesta de la Iglesia Diocesana en marcha.

Hoy, 30 de Mayo, celebramos la solemnidad de San Fernando Rey III, fiesta Patronal en la Parroquia Catedral, pero también fiesta en toda la Diócesis que hasta febrero del año pasado abarcaba toda la geografía regional.

Al hablar de la fiesta de San Fernando Rey, están dos acontecimientos de fondo que no debemos perder de vista: primero la fundación de la Villa de San Fernando del Paso Real de Apure, efectuada el 28 de Febrero de 1788 por iniciativa de Fernando Miyares González, para ese entonces Gobernador de Barinas, de Juan Antonio Rodríguez y de Fray Buenaventura de Benaocaz. En la fundación del poblado está ya presente el elemento religioso y no se trataba sólo de poner el nombre de un Santo, sino sobre todo ponerlos bajo su patrocinio, su cuidado y protección, práctica propio de la época que va dando configuración a lo que hoy es Venezuela.

Por otro lado, está la fundación de la Parroquia San Fernando, por disposición del para entonces Arzobispo de Caracas, Mons. Narciso Coll y Prat, el 27 de Mayo de 1811. Desde la fundación de la Villa de San Fernando “la evangelización se iba extendiendo y era cada vez más exigente la atención de estas misiones. Según estadísticas del Archivo Arquidiocesano de Caracas, entre los años 1801 y 1806, la cifra de los que se beneficiaban por la atención pastoral, iba creciendo en contraposición con la cantidad de ministros sagrados” (Mons. Víctor Manuel Pérez Rojas, Carta Aclamemos Jubilosos, 19 de Marzo de 2011). La fundación de la Parroquia San Fernando Rey surge de la necesidad de proveer ministros Sagrados ante la respuesta que se va dando en estas tierras a la obra evangelizadora de promoción de la Fe.

Desde sus orígenes, esta Iglesia Diocesana tiene una profunda vocación misionera: por las limitaciones, las grandes extensiones territoriales, la escases de obreros en la mies del Señor, pero sobre todo por la respuesta que la gente ha dado y sigue dando, respuesta que le involucra como piedras vivas en la vida de la Iglesia.

Celebrar hoy la solemnidad de San Fernando es volver la mirada a esta realidad propia y característica de nuestra Iglesia Particular y renovar nuestro compromiso de comunidad Misionera al servicio de la vida en medio de este sufrido pueblo, meta que se quiere alcanzar con la guía del Plan Diocesano de Pastoral y la incorporación de todos los bautizados. Es celebrar las inciativas y logros de tanta gente buena que ha nacido  en estas tierras llaneras y de los que han sabido sembrarse en ella. Es también una ocasión propicia para clamar al Señor pidiendo por nuestra Patria y por los que nos gobiernan para que, imitando las virtudes de San Fernando, hombre honesto y promotor de Paz, entre nosotros resplandezco el Reino de Dios.

 

Pbro. Ender Moissant.

Sacrosanctum Concilium. Alcances y perspectivas.

Sacrosanctum Concilium. Alcances y perspectivas.

En la pasada reunión general del Clero, celebrada en la Parroquia San Juan Evangelista el día 05 de Abril, el Excmo. Mons. Alfredo Torres, Obispo de San Fernando de Apure, indicó la necesidad de “retomar la reflexión en torno a la Liturgia y a las reformas conciliares, porque somos hijos del Vaticano II”. En este sentido, les presentamos el siguiente ensayo escrito por Mons. Alberto Brazzini, Obispo auxiliar de Lima.

VER Ensayo Sacrosanctum Concilium – Alcances y perspectivas.

 

“Dolor y sufrimiento”, por Mons. Fernando Castro.

“Dolor y sufrimiento”, por Mons. Fernando Castro.

“Ninguno de los jóvenes caídos anhelaría revanchas, ni odios ni venganzas. Todos anhelarían justicia y libertad”

 

Siguen contándose fallecidos mientras son miles los que protestan ante los Poderes Públicos. Enfrentan una salvaje represión. Hay hambre, no hay medicinas, no hay trabajo, no hay emprendimiento, faltan instituciones. El peligro es que se pierda la esperanza de vivir en libertad y democracia.

Hoy falleció Miguel Castillo de 26 años. Las redes muestran un joven alegre, trabajador, servicial, amiguero. Pienso en sus padres, familia, amigos y sobre todo en una vida truncada y otra vez surge el grito de protesta. Son valientes porque luchan por un futuro que el presente les niega. Y a ellos se suman muchos de todas las edades y muy distintas: el pueblo.

La causa que motiva las protestas, es la insistencia en aplicar el “Plan de la Patria” implantando el llamado “Socialismo del Siglo XXI” que no es otra cosa que el régimen comunista, colectivista que anula toda posibilidad de desarrollo humano individual, asumiendo el Estado la conducción del ser humano. Su fracaso es estrepitoso y en todas partes. Nadie quiere ese modelo porque queremos ser dignos.

Me uno al dolor y al sufrimiento de tantos. Rezo por los jóvenes caídos y por las víctimas de tanta violencia. Pero sobre todo anhelo que el ansia de libertad no arranque la bondad de nuestros corazones para buscar incluir a todos, sin odios, resentimientos, ni venganzas. Para soñar en una patria que no tenga ni vencidos ni vencedores. Para soñar en una patria con diversidad de pensamiento, en personas con convicciones. Gente que quiere llegar a la raíz de nuestros males, pero jamás con actitud de “vengadores”, gente que quiere la paz y la reconciliación.

Ninguno de los jóvenes caídos anhelaría revanchas, ni odios ni venganzas. Todos anhelarían justicia y libertad. Los mensajes de algunos revelan sus ideales, que trascendieron su corta vida, y solo el buen Dios transformará tanto dolor y sufrimiento en una patria de familias, de trabajo y de solidaridad.

 

Fernando Castro Aguayo
fcastroa@gmail.com

“Ser Madre y Padre a la Vez”, una realidad venezolana.

“Ser Madre y Padre a la Vez”, una realidad venezolana.

Ser Madre sin el Padre, es una tarea dura y muy común en la sociedad venezolana. Realidad que se pone mucho más pesada por la situación económica actual. Lo ideal es que un niño venga al mundo en el seno de una familia constituida, según la voluntad de Dios (formada por el Papa y la Mamá). La figura de ambos es irremplazable en la vida de los Hijos. Tristemente, por lo que implica el modelo divino de familia, pero gracias a Dios, son muchas las Madres que han salido adelante con su familia sin la presencia del padre. Ejemplo de abnegación y entrega, de gran sacrificio y dedicación.

El concilio Plenario Venezolano, fruto de un minucioso estudio de la realidad indica que en Venezuela predomina la familia matricentrada. “Esta modalidad de familia está constituida en su estructura interna por la madre y sus hijos; la madre, y no la pareja, es el centro de todos los vínculos, y funciona tanto en sectores populares como en sectores de clase media o alta. Aunque en términos generales es común en todo el país, no es uniforme y hay diferencias según las regiones”. (Iglesia y Familia, 4).

Esta realidad data desde remotos tiempos históricos y ha llegado a convertirse en un componente cultural. “En el seno de la familia matricentrada se forma un tipo de mujer y de varón profundamente marcados por la función de madre y la función de hijo, respectivamente. La mujer, desde niña, aprende a percibirse e identificarse con la función materna, así como el varón se forma e identifica como hijo, con las dificultades psicológicas y culturales para su identificación con la función de padre y ejercer a plenitud la paternidad. Igual dificultad existe en la mujer para permitir en el varón el ejercicio de esa paternidad, favoreciendo así el machismo” (Ibíd. 6). “Por otra, esta realidad ha favorecido a la transmisión de los valores de la fe, y ha forzado una identidad cultural que da especial relevancia a lo afectivo, la acogida, la capacidad de llegar a acuerdos, a la comprensión y solidaridad; a lo relacional por encima de lo individual, lo que conlleva grandes dosis de sacrificio” (Ibíd. 11).

La mujer y su hijo abandonados a su suerte por un papá ausente son tan antiguos como el mundo y siempre ha representado el RETO de cómo ser mamá y papá a la vez, sin dañar al hijo ni a una misma en una tarea tan extenuante.

Para la especialista en psicología clínica Pilar Sordo, esta misión dual implica un desgaste emocional para la madre, además de requerir de ésta una entrega afectiva que supla, de alguna forma, las carencias paternas. “La madre debe empezar a ser padre-madre con muchos costos emocionales en el proceso. Ella debe aprender a colocar límites y dar afecto, además de darse tiempo para ella con el fin de recuperar fuerzas en tal difícil tarea”, advierte Sordo.

Ser padre: un rol irremplazable.

Si bien una mujer puede esforzarse y cumplir con total entrega la función de padre-madre, Pilar Sordo afirma que la figura paterna es irremplazable.

“Se puede ser papá y mamá a la vez pero no se pueden reemplazar los roles. Ella va a tener que integrar lo femenino y lo masculino dentro de sí misma y de esa manera sí podrá ejecutar ambos roles, pero no reemplazará la persona ausente. Siempre hace falta un padre y siempre hace falta una madre. Si el papá está ausente ojalá haya otros adultos significativos varones que “reemplacen” la ausencia, puede ser un abuelo, tíos u otros adultos varones que muestren sus variables masculinos”, subraya la especialista y autora del libro “Viva la diferencia”.

Otro aspecto relevante en esta experiencia madre-hijo, ocurre cuando el niño crece y pregunta por qué no tiene papá cuando sus amigos sí lo tienen. Pilar Sordo recomienda siempre ir con la verdad por delante, evitar dar una visión negativa del papá ausente y jamás transmitir al hijo las frustraciones ni rencores.

“El niño a lo largo de su vida irá asimilando la imagen real de su padre. Pero ojalá que esa imagen que el propio hijo se formó de su padre no esté deformada ni contaminada por los rencores y los problemas de los adultos, que nada tienen que ver con el desarrollo emocional de los niños”, indica la psicóloga.

Mama feliz, niño feliz.

Los daños o heridas que un niño pueda sufrir ante esta realidad dependen de cómo haya vivido la madre la resolución de su propio conflicto y de cuánto “endosó” esa madre su historia personal a su niño. Una madre que dio vuelta la página y sanó sus propias heridas sin transmitir rencores a su hijo permitirá un desarrollo más positivo del niño. Por el contrario -explica Sordo- una madre amargada que no ha resuelto su conflicto y que no ha perdonado a esa parte de la historia, influirá negativamente en su hijo y le será muy difícil ejercer bien el rol de madre y de padre.

Por último la especialista subraya que las mujeres que viven la maternidad sin el padre son claves en el desarrollo psicológico de su hijo. “Su madre será el gran pilar de su desarrollo, sobre todo cuando el hijo ve a su madre feliz y realizada con su vida, sus sueños y su hijo”.

En el Plan de Dios, la Familia tiene un papel fundamental, y en ella el rol del Papa y la Mama. Finalizamos nuestra reflexión con la letra de esta hermosa canción:
“Que marido y mujer de rodillas contemplen sus hijos,
y que por ellos encuentren la fuerza de continuar.
Y que en su firmamento la estrella que tenga más brillo,
pueda ser la esperanza de paz y certeza de amar”

 

Pbro. Ender Moissant.
Fuente: psicologiayelser.blogspot.com y Documento Iglesia y Familia del Concilio Plenario de Venezuela.