Cuida así tu Matrimonio y nunca te cuestionarás del porqué te casaste.

Cuida así tu Matrimonio y nunca te cuestionarás del porqué te casaste.

El primer ámbito de intimidad siempre es mi marido o mi mujer, el otro es para mí la prioridad.

Creo que es importante encontrar espacios en los que crecer en nuestro camino. Cuidar la complicidad cuando estamos juntos, en privado o en público. Tratarnos con delicadeza, sin herirnos.

No dejar nunca solo al otro. Que sienta que estoy ahí, con él, a su lado, caminando en su vida, cuando está cerca y cuando está lejos. También cuando estamos con más gente.

No contar nuestra vida más íntima a otras personas. Lo que vivimos entre nosotros es nuestro y nadie tiene derecho a conocerlo. No reírme ni quejarme de él delante de otros. Vivir la castidad es guardar su dignidad, su honor, su fama, su nombre, su imagen.

El primer ámbito de intimidad siempre es mi marido o mi mujer. Nunca un compañero de trabajo, un amigo, ni siquiera debería serlo el sacerdote. Lo que tenemos entre nosotros es sagrado y no se lo contamos a cualquiera.

Es importante cuidar la intimidad matrimonial en todo momento. Cuidar ese espacio en el que podemos darnos por entero. Cuidar el descanso y el diálogo. Que podamos estar juntos sin interferencias.

A veces los móviles, internet, el trabajo, las aficiones, la televisión, las series, pueden privarnos de momentos sagrados para cuidar el amor. Y lo sabemos, el amor tiene que ser cuidado.

Debería bastarnos con estar juntos sin más, sin tener que recurrir a amigos o a planes maravillosos. Es importante cuidar esos tiempos sagrados en los que compartimos la vida.

No queremos desparramarnos. La castidad es elegir y hacerle sentir al otro esa elección. Cuidar lo nuestro. La pasión y la complicidad. La intimidad y el pasarlo bien juntos.

No dispersarnos en los hijos, en los amigos, en reuniones familiares, sociales, apostólicas. El otro siempre es lo primero, tiene prioridad.

Por el otro hago cosas que no haría en mi vida por nadie y dejo de hacer otrasque me gustaría hacer. Y lo hago sin amargarme, feliz, porque le quiero por encima de todo.

Por él lo dejo todo. Por él comienzo de nuevo. El otro es para mí el amor único, mi prioridad en todo.

Cuando nos enamoramos de novios, vimos en la otra persona algo que nunca habíamos visto antes en nadie, algo que nos completaba, que nos complementaba, que nos encantaba. ¿Qué era eso?

Ahora con más motivo lo vuelvo a recordar. ¿Sigue vivo en mi alma? El otro es mi camino. Mi vida. Mi hogar. El lugar en el que descanso y me encuentro con Dios. ¿Qué es eso único que tiene y que me completa, que me hace feliz?

La castidad sólo es posible desde la verdad. Desde mi verdad me doy por entero. Y acojo la verdad del otro con alegría. Por eso es fundamental no mentir nunca, no ocultar cosas importantes que debería saber.

No mentir ni con pensamientos, ni con palabras, ni con secretos. No hay doblez ni puntos oscuros. Mi vida es limpia para el otro. Trasparente. Quiero que sepa siempre en qué estoy, qué siento, qué me preocupa.

Mi mirada importa mucho. La mirada franca y verdadera. Pura y auténtica. ¿Cómo miro a mi marido, a mi mujer? ¿Soy trasparente, auténtico, verdadero?

 

Fuente: Aleteia.org.

Publicado por Carlos Padilla, 11 de Agosto de 2017.

 

La importancia del Papá en la vida de los niños.

La importancia del Papá en la vida de los niños.

No solo es necesario ser un papá presente, es imperativo generar vínculos afectivos sólidos con los hijos.

Papá, vive de tal manera que cuando tu hijo piense en lealtad, honestidad, integridad, justicia, respeto, trabajo, fidelidad, servicio y caridad, tu imagen se le venga a la mente.

Aunque la sociedad occidental ha dado mayor importancia al rol de la figura materna, la figura paterna en la vida de los hijos es tan importante como el de madre porque desempeña un papel único, intransferible, insustituible y fundamental dentro del desarrollo emocional, psicológico y social de ellos.

Papá, cuando sea mayor quiero ser como tú.

Los hijos que tienen la fortuna de contar con padres que están emocional y físicamente presentes en el transcurso de su vida -en especial, en momentos claves de su desarrollo- y haciendo lo que les corresponde en su papel de papás presentan mayor tolerancia a la frustración, mayor confianza en sí mismos, autocontrol y una autoestima sana.

No solo es necesario ser un papá presente, es imperativo generar vínculos afectivos sólidos con los hijos. Es decir, ser papás activos, siempre pendientes de sus necesidades. Unas veces se tratará de satisfacérselas o darles herramientas y que ellos mismos encuentren soluciones. Otras veces simplemente conistirá en consolarles y darles esa palmadita en la espalda con el mensaje oculto de “todo estará bien porque yo estoy contigo”, lo cual les aporta seguridad.

El desarrollo de una relación positiva con su padre ayudará al hijo para que en un futuro sea un adulto ecuánime y seguro. La sensación que le da contar con un papá que le respalda es simplemente indescriptible.

Todo hijo merece sentirse deseado y aceptado por papá y no solo por mamá. La aceptación procede de la voluntad; y el deseo, del sentimiento. Si un hijo percibe rechazo se puede bloquear su desarrollo. Y no lo será tanto por no haber sido deseado, sino por no haberse sido aceptado. La aceptación de la paternidad y la aceptación de su persona, son necesarias y por demás importantes para el sano desarrollo individual y social de los hijos.

Estas son algunas actitudes de aceptación o rechazo:

  • Rechazas convirtiéndote en un padre autoritario y tirano. El mensaje que mandas al hijo es que no te moleste o que hubiera sido mejor que no naciera. O bien, rechazas convirtiéndote en un padre indulgente, indiferente, el “colega” de tus hijos. El mensaje que mandas al hijo es que está solo y que se rasque con sus uñas, que no es tu prioridad.
  • Sobreproteges convirtiéndote en un padre autoritario, perfeccionista. El mensaje que mandas al hijo es que debe seguir el molde y ser como tú. El hijo se siente con el amor condicionado. O bien sobreproteges convirtiéndote en un padre indulgente, narcisista que idolatra a su retoño. El mensaje que mandas al hijo es que no hay nadie como él, es tu ídolo. Aunque parezca lo contrario, el hijo desarrolla una estima personal frágil, sin cimientos sólidos.

La palabra convence pero el ejemplo arrastra.

Si algo observan los hijos en los padres es su forma de trabajar. Es decir, el papá les enseña la virtud y el valor humano del trabajo. Un padre de familia necesita poner mucho interés al realizarlo -cualquiera que este sea- bien hecho. Por el modo de trabajar un padre se prestigia o se desprestigia ante sus hijos, obtendrá su admiración y respeto o todo lo contrario.

El modo de entender el trabajo, de ponerle amor y empeño reconociendo su dignidad y valor, el darle su propio estilo personal al realizarlo… son puntos de apoyo para el ejercicio de la autoridad paterna.

Los hijos son inteligentes y si la imagen que ellos perciben del trabajo de papá, a partir de las conversaciones familiares o de su actitud frente a él, fuera negativa, los efectos en su educación y ejemplo serán nocivos.

También lo será si el hijo se percata de que lo que se dice no coincide con lo que se hace. Con incongruencia se pierde autoridad y sin autoridad difícilmente hay admiración y por ende respeto.

Para cualquier hijo no hay nada más fortalecedor que saberse amado, aceptado y protegido por el hombre que él más admira, su súper héroe: papá. Ese sentido de protección le hace ir con certeza por la vida, dando pasos firmes y seguros.

En el caso particular de la relación papá-hija, si la mujercita ha sentido abandono por parte del padre, al momento de elegir pareja difícilmente lo sabrá hacer porque en ella estará esa necesidad inconsciente de llenar ese vacío que el papá dejó. Por lo tanto, en vez de buscar un compañero de vida con quien compartir su vida, en cada pareja que conozca querrá encontrar a ese papá que la proteja. Esto es muy peligroso y difícilmente logrará entablar relaciones amorosas estables.

Así que mamás, necesitamos dejar a los papás que ejerzan su rol cabalmente, como esposos y padres. Es importante que la mamá deje espacio y no interfiera en esa relación, aunque ella sienta que “lo haría mejor que él”. ¡El puesto de un padre en la vida de un hijo o hija es insustituible!

Luz Ivonne Rean

Artículo publicado el 05 de Julio de 2017 en es.aleteia.org.

¿Es posible salvar una relación en la que hay maltrato psicológico?

¿Es posible salvar una relación en la que hay maltrato psicológico?

El arrepentimiento no es suficiente: es necesaria una verdadera voluntad de cambio y curación de las heridas

El maltrato psicológico es una conducta perversa y destructiva que ejerce un miembro de la pareja sobre el otro, de mayor vulnerabilidad. Las conductas de maltrato psicológico se producen en relaciones asimétricas, en las que uno se sitúa por encima del otro dominándolo, y éste otro progresivamente pierde su sentido de libertad.

Es muy importante tener claro este principio: que se trata de una conducta perversa que no debe ser tolerada. ¿Cuál es el problema? Pues que de hecho, esta violencia psicológica, que es progresiva, se produce porque desde el principio de la relación, la parte abusada no supo detectar ni poner límites al maltrato, sino que se ha visto cada vez más envuelta en una espiral de destrucción.

Cuando hay maltrato, son dos las personas que tienen problemas: la persona maltratadora y la persona maltratada. El maltratador puede tener algún tipo de enfermedad mental, pero en la mayoría de los casos, suele ser víctima de heridas emocionales profundas de las que quizás ni es consciente: muchas veces ha sido objeto de maltrato en su infancia.

Con frecuencia el maltratador viene de una historia pasada, muchas veces desde su niñez, en la que el estilo de relación familiar era tóxico. Las personas repiten, reproducen lo que han vivido en sus años de edad evolutiva, a veces incluso sin ser conscientes de ello.

Estas personas no gozan de buenas bases afectivas por diversas circunstancias, y por ello, son incapaces de amar en un contexto de verdadera libertad y afecto.

Normalmente, un maltratador actúa en tres fases con su víctima: una fase de tensión creciente (suscitada por la acumulación diaria de tensiones causadas por situaciones conflictivas), una fase de explosión (la acumulación y represión de tensiones se concentra en un solo momento, cuando la persona estalla emocionalmente, por medio de actos violentos o agresiones físicas, verbales, emocionales o sexuales) y una fase de remordimiento (el agresor se excusa por sus actos y reconoce la agresión perpetrada; salvo que la culpa daña a su autoestima, y esto facilita el reinicio de estas tres fases cíclicas).

Los tipos de maltrato y las etapas están ligadas a síntomas claros de trastorno de personalidad por parte del agresor, y con el tiempo, la víctima se va debilitando psicológicamente, entrando a formar parte de alguna manera de esos mismos trastornos.

El agresor se arrepiente, promete no hacerlo más, pero es sólo un arrepentimiento temporal, pues no está curada la causa de su comportamiento.

Entonces, es muy importante tener claro: una persona que maltrata a otra tiene un trastorno conductual y afectivo, y necesita ayuda profesional. El arrepentimiento no es suficiente: es necesaria una verdadera voluntad de cambio y de curación de las heridas.

Ante alguien que tiende a maltratar, hay que actuar: Los gritos no deben ser permitidos en la relación, y el silencio no es siempre la mejor respuesta. Ciertamente ante golpes, violencia física o sexual, la reacción debe ser firme y si el caso lo requiere, de denuncia.

Quien se comporta de este modo una vez, puede volver a hacerlo. Los abusadores raramente cambian por sí mismos, pues se trata de un perfil de personalidad con rasgos psicológicos muy bien definidos, y que forman parte del estilo de vida.

Consecuencias del maltrato psicológico en la víctima

El maltrato psicológico erosiona profundamente a la víctima, que se ve cada vez más incapaz de defenderse y de salir del problema.

Suele suceder así: en una primera fase del maltrato se resiste, pero con el tiempo acaba cediendo ante el agresor. Intenta encontrar explicaciones lógicas a lo que sucede, busca el diálogo con el agresor para encontrar soluciones. Sin embargo, el diálogo no es posible, ya que el maltratador no está dispuesto a ello. Entonces, la víctima procura adaptarse a las demandas del agresor, para evitar conflicto y satisfacerlo. Se siente confundida por la dualidad que ejerce el agresor hacia ella y por su modo sinuoso de actuar.

Este tipo de comportamientos crea en la víctima una serie de consecuencias psicológicas típicas del perfil del maltratado. Se empieza por cuestionar la propia forma de ser, tratando de justificar al maltratador y dudando de la validez del propio comportamiento personal. Esto lleva al desarrollo de sentimientos de inferioridad por parte de la víctima y a la tendencia a la dependencia emocional.

Una situación de maltrato psicológico prolongado puede tener implicaciones muy negativas en la psicología y estilo de vida de la víctima. Aumenta la tensión y el estrés con efectos colaterales como fatiga, trastornos de sueño, nerviosismo e irritabilidad, dolores de cabeza, trastornos digestivos y de ansiedad, hasta llegar a la depresión, sintiéndose incapaz de defenderse o cambiar esta situación.

Evidentemente, con el tiempo se van perdiendo también las relaciones sociales, predominando los sentimientos de dejadez, apatía, desánimo, desinterés, como resultado de la gran inseguridad en sí mismos y del aumento de la dependencia afectiva y sentimiento de culpa con todo lo que se hace.

Qué hacer en caso de agresividad en la pareja

Partimos del principio de que el maltrato, sea emocional, psicológico o físico, no hay que permitirlo nunca. Por esto mismo, una vez detectado, hay que reaccionar, por respeto a nosotros mismos y en defensa de los hijos.

El primer paso es dejar de maltratarme a mí mismo. Aceptar el maltrato es aceptar un estado grave de injusticia humana. Los sentimientos personales de culpa son un error peligroso. Nadie merece ser maltratado.

Cuando no nos sentimos capaces de cambiar una situación, lo mejor es buscar y pedir ayuda. La propia familia, amigos cercanos, un psicólogo competente y de confianza. Hay que hablar del tema y nunca callar el dolor que se siente dentro. Esto significa que se ha aceptado que hay un problema, y que no necesariamente la causa es la víctima.

Recordemos que el maltrato emocional tiene sus raíces en la niñez, tanto por parte del maltratador como de la víctima que no reacciona.

Otro paso importante es reconocer que el maltrato es un tema de dos. Toca a la víctima, que está dentro de esa relación, tomar la iniciativa para delimitar con claridad los límites de lo que esta sucediendo y reaccionar para no permitir lo que nunca debería ser permitido.

Es importante tocar el tema con la pareja de manera serena y clara, y si esto no fuera posible, proceder con los consejos que hemos mencionado precedentemente (ayuda familiar, ayuda psicológica, denuncia civil de los comportamientos sufridos).

Cuando el maltratador busca realmente cambiar, lo demuestra con hechos, da la disponibilidad para una terapia de pareja, muestra un arrepentimiento sincero de su comportamiento. Si esto no sucediera y los comportamientos de maltrato continúan, es hora de plantearse la posibilidad de una separación que garantice la vida de la víctima y de los hijos. Un maltratador no tiene derecho a destruir la vida de los demás.

 


Artículo realizado en colaboración con Javier Fiz Pérez, Psicologo, profesor de Psicología en la Universidad Europea de Roma, delegado para el Desarrollo Científico Internacional y responsable del Área de Desarrollo Científico del Instituto Europeo de Psicología Positiva (IEPP).

Publicado en Aleteia.org

¿Quién es el Espíritu Santo?

¿Quién es el Espíritu Santo?

Los padres no siempre tiene claro cómo explicar el Espíritu Santo y la Trinidad.

 

LA PREGUNTA DE JOSEPH, 6 AÑOS.

Joseph ojea su pequeña Biblia ilustrada. De repente, se para en una imagen en la que se ve a Jesús elevarse en el aire. Intrigado, le pide a su padre que le ayude a descifrar la frase que se lee debajo: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros. (…)” (Hechos 1: 8). Y entonces, este fan de Samsam, el pequeño héroe cósmico, le pregunta a su padre: “¿Cuál es su fuerza? ¿Quién es el Espíritu Santo?”.

Trinidad.

Como padres, aparte de algunos recuerdos de catequesis, no lo solemos tener muy claros los conceptos del Espíritu Santo y la Trinidad. Y, frecuentemente, evitamos hablar de ello con nuestros hijos.

¿Entonces, cómo definirlo? Podemos empezar con el relato de Pentecostés, donde se dice que “los apóstoles quedaron llenos del Espíritu Santo”. Así, el niño puede comprender que el Espíritu no se ve. ¡Se siente! Múltiples metáforas marcan los relatos de la Biblia describiendo sus cualidades: el agua viva y pura que lava; el fuego ardiente que calienta pero también enciende y purifica; la paloma que es símbolo de paz; finalmente, el viento fuerte que empuja y puede llevárselo todo o el soplo ligero que vivifica.

Estos últimos son los más familiares para el niño, que conoce el viento ligero que le mueve el cabello o el viento de tormenta que hace girar muy deprisa los aerogeneradores. Pero, más allá de estas metáforas, la verdadera dificultad es abordar la Trinidad.

El amor “hecho” persona.

¿Cómo comprender que un Dios único sea, sin embargo, tres? Jesús no deja de referirse al Cielo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). A pesar de ello, ¡Jesús no se considera el Padre! Dios no está en soledad. El padre Jean-Noël Bezançon escribe: “Jesús es absolutamente uno en Dios pero también a su lado, como frente a él, en esa distinción que permite compartir, la comunión. Lejos de suprimir la unidad, la distinción es la condición de la posibilidad de la comunión”.

Podemos explicar al niño esta comunión-amor que circula entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, mediante un enfoque más existencial de la Trinidad. Cuando un hombre y una mujer se aman, hacen entrar en su relación a una tercera “persona”: el amor. El Espíritu sería el vínculo vivo de la relación entre Dios Padre y su Hijo. El amor entre ellos “hecho” persona. Jesús nos invita a vivir esta “circulación” de amor, cuando promete a sus discípulos: ¡Estaré con vosotros siempre!”

A pesar de esta promesa, los apóstoles tienen miedo y se esconden. La puerta de la casa está cerrada y sin embargo el Espíritu desciende sobre ellos. ¡El Espíritu de Jesús está entonces en el corazón de cada uno! Como los apóstoles, “prendidos desde el interior”, los niños, cuando se quedan en silencio, pueden notar en ellos ese soplo de vida que vendría de otra parte, como una presencia discreta de Dios. Ayudar a los niños a prestar atención a este aspecto es también una forma de iniciarlos en el descubrimiento del Espíritu Santo.

EN LA BIBLIA.

La fuerza del Espíritu Santo (según las Escrituras de los Apóstoles 2: 1-8)

Al final de los cincuenta días de la Pascua judía, los apóstoles estaban reunidos. De pronto, una violenta ráfaga de viento invade la casa. Lenguas que parecían de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo. Entonces, los apóstoles, llenos de energía, salieron de la casa para anunciar la Buena Nueva. Pues bien, había allí judíos de todas las naciones de la tierra. Todos hablaban idiomas diferentes, sin embargo, todos entendían a los apóstoles. Estupefactos y maravillados, se preguntan: “¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es posible que cada uno de nosotros les oye hablar en nuestra lengua materna?” El Espíritu Santo transforma a los apóstoles desde el interior: estaban agazapados por el miedo y súbitamente, “llenos del Espíritu Santo”, han tenido el valor de salir para dar testimonio de la Resurrección de Jesús. Como decía Mons. Patrick Le Gal, cuando era obispo en los ejércitos: “Todo se dice en ese relato para que comprendamos que “el Espíritu” recibido por los apóstoles no es una fuerza exterior, aunque los agite fuertemente, es una fuerza interior, es decir, una capacidad para superar las adversidades y las contradicciones, para persistir a lo largo del tiempo en los compromisos, para enfrentarse a las tentaciones (…)”.

 

No confundas “Cama con Amor”. La Castidad en el noviazgo es el mejor camino.

No confundas “Cama con Amor”. La Castidad en el noviazgo es el mejor camino.

Hormona mata neurona, en castidad se discierne mejor.

Este tema me parece por demás importante sobre todo para los jóvenes de hoy, bombardeados con tanta información al respecto, mucha de ella invitando a vivir una sexualidad totalmente irresponsable y promiscua, que resta dignidad personal.

Una de estas ideas erróneas es que el sexo es una necesidad vital y que está bien que “lo practiques” cada vez que lo “sientas” …Claro, si tu cuerpo lo pide, dale lo que pida… ¡Mentira! Necesidad vital es comer, beber agua, dormir… necesidad que si no se satisface a corto plazo lleva a perder la vida. ¿Cuándo has visto a alguien en la sala de emergencias de un hospital o muriéndose por falta de actividad sexual? Sin embargo, sí has sabido de casos de personas que mueren por inanición o deshidratación.

El sexo es un apetito, un instinto, una expresión del amor que no puede ser reducido a mera biología; es un regalo que está al servicio del hombre para un fin muy específico: comunicar amor.

Para los creyentes es un don al que Dios le dio ese toque de placer para hacernos copartícipes de su poder creador, es decir, ser co-creadores con Él. ¡Enorme privilegio que hay que valorar en su justa medida!

Si hoy te encuentras en una relación que te gustaría llevar al altar, formar un vínculo que sea para toda la vida y no sabes cómo hacerlo, la respuesta es muy simple: vive un noviazgo casto y elige de manera inteligente y no visceral.

Cuando una pareja elige no vivir la castidad en su noviazgo hay muchísimos riesgos como el no saber elegir a la persona indicada para compartir la vida. De hecho, aunque los peligros para ambos son muy similares, generalmente la mujer es la que más arriesga y te lo voy a explicar desde un plano psicológico.

Cuando una mujer entrega su cuerpo, la parte del cerebro que entra en funcionamiento es la del cerebro límbico y no la de la corteza cerebral, quitándole así su capacidad de razonar y de tener un pensamiento crítico con respecto a ese hombre que le ha proporcionado tantísimo placer.

En ese estado, la mujer corre el riesgo de elegir al hombre equivocado porque no es capaz de verlo con objetividad ni hacer discernimientos tales como si es ese el que hombre que le conviene o no.

Y cuando hablo de conveniencia me refiero a si realmente ese hombre será un apoyo para ayudarle a alcanzar su plenitud -santidad para los creyentes- como fin primario de su existencia y del matrimonio.

De hecho, es posible que los amigos y los familiares le digan que ese hombre no le conviene y le intenten hacer ver todos sus defectos como lo infiel que es, lo flojo, lo vicioso…lo patán, etc. y sin embargo, ella lo defienda a capa y espada porque no tenga la capacidad de verle defecto alguno, y en el remoto caso de llegárselos a ver, los pase por alto creyendo que no son para tanto.

O peor aún, puede tener el pensamiento erróneo de que ella -con su amor- lo cambiará cuando se casen. ¡Nada más falso que eso! Esa ceguera emocional es peligrosísima. Eso no es amor, a eso se le llama “encamamiento” o en-cama-miento porque en-la cama-mentimos, estamos siendo incapaces de percibir el verdadero interior del otro.

Pero, ¿qué está pasando con la mujer que no tiene capacidad de ver todo lo que los demás ven? Que su capacidad de discernimiento quedó anulada y está tomando decisiones únicamente con sus emociones, es decir, está como en un estado de “apen-tontamiento” y su inteligencia emocional -adiós- está anestesiada por la euforia que los encuentros sexuales le proporcionan.

Y lo peor es que en cada encuentro esta sensación, esta ceguera se incrementa y se hace más fuerte. En cada relación sexual se genera -estén enamorados o no- un tipo de “pegamento moral” que une a la pareja, lo que genera un sentido como de “pertenencia” del uno al otro.

Hay una sensación de no poder despegarte emocionalmente del otro, aunque ya no lo quieras y en el remoto caso de que te des cuenta de que esa persona no te conviene, no sabrás como zafarte de esa relación porque te sientes adherida a ella. Enorme riesgo porque por esta adhesión que experimentas puedes llegar a aceptar maltratos y faltas de respeto.

Así que no te conviene. ¡Hormona mata neurona! Creas en Dios o no, seas moral o no, conviene que practiques la castidad porque con pureza te vuelves más inteligente, es decir, se te quita lo “apen-tontado” que te puede acarrear una relación sin continencia.

Ahora está el otro lado, la pareja de novios que elige vivir la castidad y no experimentar plenamente su sexualidad hasta casarse. En este caso, la mujer casta sabrá elegir de manera inteligente si ese es el hombre que le conviene o no porque su poder de discernimiento no estará anestesiado.

Podrá utilizar su parte analítica o corteza cerebral para juzgar y tomar la mejor decisión. Tendrá la capacidad de hacerse preguntas de manera objetiva, de ver defectos y de esa manera tomar la mejor decisión.

La finalidad de un noviazgo casto y puro es ayudarte a que tomes la decisión más importante de tu vida de manera racional: esa persona me conviene o no, me aporta o me denigra, me hace ser mejor persona o me resta dignidad… Me ayudará a alcanzar la plenitud o mejor corro…. Recuerda que la virtud de la castidad es atemporal y no es moda, es un estilo de vida.

 

Publicado por: Aleteía.org, 28 de Abril de 2017.

 

Los “10 NO” del Noviazgo para un buen matrimonio.

Los “10 NO” del Noviazgo para un buen matrimonio.

Evalúa ahora tu relación. Es posible un noviazgo Santo, pero es preciso dar los sigientes pasos.

Un buen matrimonio depende en gran parte de un buen noviazgo, de que él y ella aprovechen bien ese tiempo para conocerse. Además de amor, ¿qué se necesita para tener un buen noviazgo? He aquí diez recomendaciones que conviene considerar:

1. NO dejar fuera a Dios.

Antes que nada, pregúntale a Dios si tu vocación es el matrimonio. Consulta un director espiritual. Cuando creas haber conocido a la persona indicada, oren juntos, vayan juntos a Misa, encomiéndense a Dios y a María. Antes de casarse, acudan a un retiro para novios. Y después no se atengan a sus solas míseras fuerzas para amarse: no se vayan a vivir juntos ni se unan sólo por lo civil, sino mediante el sacramento del matrimonio, para recibir de Dios la gracia sobrenatural de ser fieles y amarse mutuamente como Dios los ama.

2. NO engañar.

Esto abarca dos aspectos. Primero: no finjas lo que no eres. No digas que te gusta lo que no te gusta, que haces lo que nunca haces, etc. sólo para ser como crees que tu novia o novio espera que seas. Descubrirá tu engaño al casarse, y puede ser motivo para separarse. Sé tú mismo, tú misma. Si no es compatible contigo, ni modo, no fuerces las cosas, ya encontrarás a quien lo sea. Recuerda que “siempre hay un roto para un descosido”. Y, segundo: no seas infiel. La infidelidad en el noviazgo es motivo para terminar la relación, porque los novios infieles, suelen ser cónyuges infieles.

3. NO querer cambiar al otro.

Hay quien piensa: “mi pareja tiene esta forma de ser, o este hábito, o este vicio que no me agrada, pero yo la voy a cambiar”. Es una falsa expectativa. La gente no suele cambiar. El introvertido nunca se volverá extrovertido; la parlanchina no sabrá quedarse callada; el novio que nunca se acomide a ayudar será un marido haragán; la novia desaliñada será una esposa de bata y pantuflas. Y las características que te molestan en el noviazgo, en el matrimonio pueden aumentar y resultarte intolerables. O le aceptas como es, o no te cases.

4. NO justificar lo injustificable.

Si en el noviazgo, cuando se supone que están enamorados y desea complacerte, tiene desatenciones, te deja esperándole y no se disculpa; se la pasa viendo el celular, llega tarde, no te pregunta cómo estás, te calla, te critica, en el matrimonio será peor. No busques pretextos para justificar sus malas actitudes, busca mejor otra pareja.

5. NO violencia.

Si en el noviazgo ya hay gritos, malos modos, insultos y hasta golpes, ¡hay que salir huyendo! Un novio que te levanta la voz, será un esposo que te levantará la mano; una novia que te humilla ante tus amigos, será una esposa que te humillará ante tus hijos. ¿A qué arriesgarse a casarse con alguien que puede poner en riesgo tu integridad y la de tu familia?

6. NO relaciones sexuales.

El sexo es fabuloso. Decir esto parecería razón para practicarlo en el noviazgo, pero es justo lo contrario: puede hacer que una pareja crea que son compatibles, cuando en realidad sólo lo son en la cama. Un amante habilidoso no necesariamente es un buen esposo. Y hay muchos momentos en el matrimonio en que no será posible tener relaciones sexuales, así que si el sexo es lo único que los une, su relación irá a pique. Una amiga me contó que su hija fue a confesarse de haber tenido relaciones sexuales con su novio, y el padre le dijo: “si se aman, no es pecado”. Sorprende semejante respuesta, porque Jesús menciona, en la lista de maldades que manchan al hombre, la fornicación, es decir, la relación sexual fuera del matrimonio (ver Mc 7, 14-23). La relación sexual está pensada para ser una donación total entre esposos que prometen, con la gracia de Dios, amarse toda la vida. No hay que banalizarla adelantándola, ni arriesgarse a un embarazo no deseado. Y, sobre todo, no hay que olvidar que para unos novios católicos tener relaciones sexuales pre-matrimoniales no es algo que alguien pueda autorizar por encima de la Palabra de Dios y de la Iglesia, que enseñan que es pecado (ver Catecismo de la Iglesia Católica #1755; 1852; 2353).

7. NO desoír opiniones y consejos.

Por tener una visión desde fuera, puede suceder que tus familiares y amigos capten actitudes de tu pareja que tú no has percibido. “ay, mijita, tu novio toma demasiado”, “ay, hijo, ella trata muy feo a su mamá”, “oye, amiga, como que tu novio es ojo alegre, lo he visto coqueteando…”; “híjole carnal, me late que esa chava sólo te busca por tu dinero, se la pasa haciéndote gastar…”; “uy, le vi fumando mariguana”. Presta atención, no cierres los oídos. En los procesos de declaración de nulidad matrimonial, suelen preguntar cuál era la opinión de quienes rodeaban a los novios. Y es casi seguro que hubo muchas críticas que fueron desoídas…

8. NO suponer, mejor preguntar.

El noviazgo es un tiempo para conocerse, para hablar, hablar y hablar de todos los temas habidos y por haber, para preguntar. Muchos matrimonios se rompen porque no descubrieron a tiempo que pensaban muy distinto: “¡creí que sí querías tener hijos!”; “¡no pensé que te molestara que trabaje!”; “¡no sabía que tu mamá vendría a vivir con nosotros!”. Más vale dialogar que lamentar.

9. NO dejar de considerar a la familia.

No sólo hay que fijarse en la pareja, sino en su familia. ¿Cómo es?, ¿cómo se llevan sus miembros entre sí?, ¿cuáles son sus valores? Recuerda que muy probablemente tendrás que convivir con ellos en Navidad, año nuevo, cumpleaños, aniversarios, algunos fines de semana, etc. Sus papás serán abuelos de tus hijos, y tus cuñados, sus tíos; querrán pasar tiempo con ellos, ¿qué clase de ejemplo les darán? ¿Es ésta la familia a la que quieres pertenecer?, ¿o vas a discutir y a pelearte cada vez que tu cónyuge la quiera ver?

10. NO sólo buscar “que te haga feliz”.

Muchos se casan pensando: “ésta me hará feliz” (porque es bonita y puede lucirla en las fiestas de la oficina, o porque cocina rico, o es hacendosa), o éste me hará feliz, (porque es tan guapo que sus amigas la envidiarán; o porque gana tanto que podrá darle una vida de lujos). Buscan la pareja que los haga felices. Pero si la bonita se pone fea o se enferma, al guapo le sale panza, o pierde la chamba, ya no “hace feliz”, es hora de descartarlo. La motivación para casarse no debe ser “que me haga feliz”, sino “quiero hacerle feliz”. Y qué mayor felicidad que santificarse mutuamente para llegar al cielo. Si tanto él como ella dicen: “le amo tanto que quiero dedicarme a que sea feliz aquí y por toda la eternidad”, eso sí que con la ayuda de Dios, se puede lograr pase lo que pase, en la salud y en la enfermedad, en lo próspero y en lo adverso, hasta que la muerte los separe en este mundo y puedan reencontrarse en la vida eterna para siempre.

 

Por Alejandra María Sosa.

Publicado en Aleteía, 09 de Marzo de 2017.

 

“Ser Madre y Padre a la Vez”, una realidad venezolana.

“Ser Madre y Padre a la Vez”, una realidad venezolana.

Ser Madre sin el Padre, es una tarea dura y muy común en la sociedad venezolana. Realidad que se pone mucho más pesada por la situación económica actual. Lo ideal es que un niño venga al mundo en el seno de una familia constituida, según la voluntad de Dios (formada por el Papa y la Mamá). La figura de ambos es irremplazable en la vida de los Hijos. Tristemente, por lo que implica el modelo divino de familia, pero gracias a Dios, son muchas las Madres que han salido adelante con su familia sin la presencia del padre. Ejemplo de abnegación y entrega, de gran sacrificio y dedicación.

El concilio Plenario Venezolano, fruto de un minucioso estudio de la realidad indica que en Venezuela predomina la familia matricentrada. “Esta modalidad de familia está constituida en su estructura interna por la madre y sus hijos; la madre, y no la pareja, es el centro de todos los vínculos, y funciona tanto en sectores populares como en sectores de clase media o alta. Aunque en términos generales es común en todo el país, no es uniforme y hay diferencias según las regiones”. (Iglesia y Familia, 4).

Esta realidad data desde remotos tiempos históricos y ha llegado a convertirse en un componente cultural. “En el seno de la familia matricentrada se forma un tipo de mujer y de varón profundamente marcados por la función de madre y la función de hijo, respectivamente. La mujer, desde niña, aprende a percibirse e identificarse con la función materna, así como el varón se forma e identifica como hijo, con las dificultades psicológicas y culturales para su identificación con la función de padre y ejercer a plenitud la paternidad. Igual dificultad existe en la mujer para permitir en el varón el ejercicio de esa paternidad, favoreciendo así el machismo” (Ibíd. 6). “Por otra, esta realidad ha favorecido a la transmisión de los valores de la fe, y ha forzado una identidad cultural que da especial relevancia a lo afectivo, la acogida, la capacidad de llegar a acuerdos, a la comprensión y solidaridad; a lo relacional por encima de lo individual, lo que conlleva grandes dosis de sacrificio” (Ibíd. 11).

La mujer y su hijo abandonados a su suerte por un papá ausente son tan antiguos como el mundo y siempre ha representado el RETO de cómo ser mamá y papá a la vez, sin dañar al hijo ni a una misma en una tarea tan extenuante.

Para la especialista en psicología clínica Pilar Sordo, esta misión dual implica un desgaste emocional para la madre, además de requerir de ésta una entrega afectiva que supla, de alguna forma, las carencias paternas. “La madre debe empezar a ser padre-madre con muchos costos emocionales en el proceso. Ella debe aprender a colocar límites y dar afecto, además de darse tiempo para ella con el fin de recuperar fuerzas en tal difícil tarea”, advierte Sordo.

Ser padre: un rol irremplazable.

Si bien una mujer puede esforzarse y cumplir con total entrega la función de padre-madre, Pilar Sordo afirma que la figura paterna es irremplazable.

“Se puede ser papá y mamá a la vez pero no se pueden reemplazar los roles. Ella va a tener que integrar lo femenino y lo masculino dentro de sí misma y de esa manera sí podrá ejecutar ambos roles, pero no reemplazará la persona ausente. Siempre hace falta un padre y siempre hace falta una madre. Si el papá está ausente ojalá haya otros adultos significativos varones que “reemplacen” la ausencia, puede ser un abuelo, tíos u otros adultos varones que muestren sus variables masculinos”, subraya la especialista y autora del libro “Viva la diferencia”.

Otro aspecto relevante en esta experiencia madre-hijo, ocurre cuando el niño crece y pregunta por qué no tiene papá cuando sus amigos sí lo tienen. Pilar Sordo recomienda siempre ir con la verdad por delante, evitar dar una visión negativa del papá ausente y jamás transmitir al hijo las frustraciones ni rencores.

“El niño a lo largo de su vida irá asimilando la imagen real de su padre. Pero ojalá que esa imagen que el propio hijo se formó de su padre no esté deformada ni contaminada por los rencores y los problemas de los adultos, que nada tienen que ver con el desarrollo emocional de los niños”, indica la psicóloga.

Mama feliz, niño feliz.

Los daños o heridas que un niño pueda sufrir ante esta realidad dependen de cómo haya vivido la madre la resolución de su propio conflicto y de cuánto “endosó” esa madre su historia personal a su niño. Una madre que dio vuelta la página y sanó sus propias heridas sin transmitir rencores a su hijo permitirá un desarrollo más positivo del niño. Por el contrario -explica Sordo- una madre amargada que no ha resuelto su conflicto y que no ha perdonado a esa parte de la historia, influirá negativamente en su hijo y le será muy difícil ejercer bien el rol de madre y de padre.

Por último la especialista subraya que las mujeres que viven la maternidad sin el padre son claves en el desarrollo psicológico de su hijo. “Su madre será el gran pilar de su desarrollo, sobre todo cuando el hijo ve a su madre feliz y realizada con su vida, sus sueños y su hijo”.

En el Plan de Dios, la Familia tiene un papel fundamental, y en ella el rol del Papa y la Mama. Finalizamos nuestra reflexión con la letra de esta hermosa canción:
“Que marido y mujer de rodillas contemplen sus hijos,
y que por ellos encuentren la fuerza de continuar.
Y que en su firmamento la estrella que tenga más brillo,
pueda ser la esperanza de paz y certeza de amar”

 

Pbro. Ender Moissant.
Fuente: psicologiayelser.blogspot.com y Documento Iglesia y Familia del Concilio Plenario de Venezuela.

 

Consejos para los cónyuges. “Lo que no se debe esperar del otro”.

Consejos para los cónyuges. “Lo que no se debe esperar del otro”.

Cada uno tiene un modo de ver la vida, una forma de actuar y de pensar, determinados por su más intrínseca naturaleza.
 
Muchos de los problemas matrimoniales tienen su origen en la poca capacidad de los cónyuges para comprenderse a partir de su esencia, del hecho de ser hombre o mujer, pues cada uno tiene un modo de ver la vida, una forma de actuar y de pensar, determinados por su más intrínseca naturaleza.

Somos iguales en dignidad, pero complementarios en cuanto género. El hombre tiene cosas que la mujer no tiene y necesita, y viceversa. Sin embargo, uno de los errores más comunes en las parejas es esperar que las mujeres reaccionen como si fueran hombres, o los hombres como si fueran mujeres.

Así lo indica al diario ABC.es, María Jesús Álava Reyes autora de Amar sin sufrir, quien explica que desde el punto de la psicología “ambas posturas obedecen más al área del deseo que de los hechos; esas expectativas no tienen ninguna base científica, y sus probabilidades de ocurrencia, salvo casos excepcionales, son mínimas”.

La experta señala que las mujeres no deben cometer el error de esperar que los hombres:
– Sepan escuchar como lo hacen sus amigas.
– No se precipiten, den solución u ofrezcan consejos que no les han pedido.
– Tengan parecida sensibilidad y den importancia a las cosas que son fundamentales para las mujeres.
– Se fijen en los detalles, se acuerden de las fechas y sorprendan con propuestas creativas.
– Sean capaces de no quedarse en la literalidad de las palabras que dicen las mujeres y sepan captar las emociones que se reflejan en su comunicación no verbal.
– No interrumpan a la mujer cuando habla.
– No reaccionen mal cuando están haciendo algo y las mujeres les pregunten o les pidan su cooperación o ayuda para una tarea específica del hogar.

De la misma forma, los hombres no deben cometer el error de esperar que las mujeres:
– Sean concretas cuando hablan, no se pierdan en los detalles y no den rodeos para exponer lo que quieren.
– Hagan las cosas de una en una; cuando su naturaleza les permite realizar varias tareas a la vez con la mayor espontaneidad y eficacia.
– Sepan que ellos no son buenos conversadores y no pretendan hablar con ellos cuando llegan a casa.
– Dejen de ser románticas y se muestren pragmáticas en las relaciones afectivas.

Lo anterior no quiere decir que cada quien se pueda excusar en su naturaleza para no mejorar en ciertos aspectos, sino que es importante conocer las características de hombres y mujeres para no hacerse falsas expectativas y comprender mejor las reacciones del cónyuge ante situaciones puntuales.
 
CONSEJOS PARA LOS CÓNYUGES

El hombre es pragmático, necesita resolver problemas y no tiene la necesidad de expresarse, pero también necesita ser aceptado y valorado. La mujer necesita que se le validen sus sentimientos, necesita ser escuchada y le causa incomodidad cuando no puede expresarse. Ninguno es mejor o peor que el otro, son distintos, maravillosamente contrarios.

Si comprendemos esta diferencia entre hombre y mujer, encontraremos la razón de muchas de las reacciones que el cónyuge presenta ante los conflictos conyugales. Para ello, la autora Nelly Rojas ha descrito una serie de sugerencias para hombres y mujeres a la luz del matrimonio:

Para los hombres: Escúchela, consiéntala, abrácela en silencio, validando sus sentimientos. Validar no es estar de acuerdo, es aceptar la diferencia. No la ignore, ni la critique. Recuerde que las mujeres hablan de sus problemas para acercarse no para obtener soluciones ni culparlo. Trabaje desde la perspectiva de compartir el poder y el control.

Para las mujeres: Apóyelo sin criticarlo. No trate de ser la mamá de él al querer cambiarlo. Recuerde que él se siente culpable cuando usted habla de sus problemas. Póngale límites porque así él se siente estimulado a dar más y a cambiar sus conductas disfuncionales. Para ello exprese sus sentimientos en forma asertiva, es decir, sin “cantaleta”. Trabaje para mejorar su autoestima.
 
Artículo de lafamilia.info, pulicado el 03 de Mayo de 2017.

De la separación a la restauración matrimonial.

De la separación a la restauración matrimonial.

Entender que mi esposo no era mi enemigo y aceptar quién realmente lo es me permitió luchar de la manera correcta

Hay que comenzar el matrimonio con un buen noviazgo. Así es, la base de un matrimonio exitoso siempre será un noviazgo sano, santo, donde Dios sea el personaje principal. Te recuerdo, ¿quién le dio su esposa a Adán?

Gran parte de las crisis que estamos viviendo hoy en día los matrimonios es que no nos estamos educando para amar, ni siquiera tenemos claro para qué nos casamos. De hecho, llegamos al altar por “cumplir” y con las ideas al revés: comenzamos por la luna de miel, nos casamos pensando que el otro tiene la obligación de hacerme feliz y de ser el cumplidor de mis caprichos.

Y de hijos ni se diga, como en este momento no está en nuestros planes el tenerlos porque primero hay que establecernos como pareja y cumplir nuestros mutuos sueños y realizaciones personales, entonces el anticonceptivo a todo lo que da.

Las parejas no se dan cuenta que ellos mismos están cavando la tumba de su matrimonio, poco a poco. El egoísmo entra y en automático el amor se sale. ¿Y luego? Pues que llega la dura realidad, comienzan los conflictos, las crisis y creemos que la solución es aventar el matrimonio a la basura, total, solo fue una promesa hecha a Dios y Él todo lo comprende.

No se vale; Dios no es nuestro “títere” y las promesas hechas a Él hay que cumplirlas. Así mismo, las promesas de Dios son reales y si dijo que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos significa que está a nuestro lado en cada paso de nuestra vida sacramental.

Si tu vínculo está pasando por alguna crisis, te comparto a la letra el testimonio del matrimonio mi amiga Mache para que te des cuenta de que las promesas de Dios son verdaderas y tan actuales y poderosas como hace 2000 años.

La oración hace milagros. La Palabra de Dios y sus promesas sanan, salvan y restauran hasta al matrimonio más podrido, eso sí, con oración ferviente, incesante y confiada. Un matrimonio se salva con los ojos al cielo y las rodillas al suelo. Y así nos cuenta su historia Maricela:

Llegamos al altar un 5 de febrero del 2011, yo tenía 27 años y estaba embarazada de nuestra primera hija concebida en el noviazgo. Desafiando todo mal pronóstico e ignorando todo riesgo por precipitarnos a ello preparamos una boda en menos de 2 meses.

Buscamos las pláticas prematrimoniales más breves posibles porque no teníamos tiempo para esos “trámites tediosos”. Para nosotros era solo un “requisito por tradición” de la Iglesia y recuerdo cuánto nos alegramos de haber encontrado unas pláticas de un solo fin de semana. 2 horas y estábamos listos para el matrimonio.

Fui católica de cuna, crecí con una madre apegada a la Iglesia y muy entregada a la misma. Sin embargo jamás me acerqué lo suficiente a Dios como para experimentar la riqueza de nuestra fe. Recuerdo cuánta molestia sentimos por la insistencia de la Iglesia de cumplir con tantos trámites y papeleo.

¿Para qué tanto show? ¿Para qué tanta investigación? Queríamos casarnos y punto, ¿por qué nos hacían perder tanto tiempo? Nos casaríamos, tendríamos a nuestro bebé y seguiríamos nuestras vidas como cualquier otro matrimonio. Formaríamos una hermosa familia y viviríamos felices para siempre.

Nuestra ignorancia y rebeldía nos cobró factura muy pronto; después de 6 meses de pleitos y gritos, mi esposo se fue de la casa. Me quedé sola con nuestra hija de apenas unos meses de nacida en nuestro departamento. Con el corazón roto, entre hormonas y responsabilidades, nuestro matrimonio fue destruido en un abrir y cerrar de ojos.

Mi esposo no quería saber nada de mí y juró jamás regresar. En la angustia y desesperación del momento decidí comenzar un proceso de lucha por la restauración matrimonial. En este proceso que duró un poco más de 5 años, en donde luché de la mano de Dios por recuperar a mi familia, he aprendido las más bellas lecciones de fe que quiero compartirles.

Mateo 6.33. “Pero busquen primero su reino y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.
Busqué ayuda hasta por debajo de las piedras. Leí libros de auto-superación, fui a psicólogos, organicé reuniones con mis más queridas amistades para pedir consejo. Entre tantas opciones no encontré una sola que me diera paz y la respuesta que necesitaba. Fue entonces que Dios vino a mí. Yo no lo busqué, Él me llamó.

A pesar de mi rebeldía y mi rechazo, tanto me ama que fue Él quien me buscó para darme consuelo, ofrecerme su amor y su misericordia. Reconocí que Dios y solo Dios era la solución a mis problemas y le permití entrar en mi corazón y en mi vida.

No me di cuenta hasta que Dios me habló con este versículo, de que solo Él podría hacer el milagro. Para el mundo parecía imposible que mi matrimonio pudiera salvarse, pero para Dios no solo era posible, si no que era una promesa. Tomé esta promesa, me aferré a ella con todas mis fuerzas, comencé a trabajar en mi conversión, a estudiar la Biblia, a orar incansablemente y permití a Dios moldearme como el alfarero moldea el barro.

Santiago 4.4. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.
“Ya deja de hacerte daño”, “estás muy joven aún, puedes rehacer tu vida”, “los hombres no cambian, te lo hacen una vez, lo vuelven a hacer”, “Dios quiere que seas feliz”, “existe el divorcio exprés, ya es muy fácil deslindarte”,…. Una y otra vez, recibí consejos de los que me rodeaban, incrédulos respecto a la lucha.

No comprendían cómo era posible que a mi “corta edad” yo siguiera aferrada a mi matrimonio. Para ellos mi fe se reducía a una migaja de pan y me convertí en la loca, obsesionada, y necia mujer que buscaba una reconciliación con su esposo por mera baja autoestima.

No me importó y seguí. Lo hice porque Dios me instruyó en este versículo: que el mundo camina contracorriente a sus mandatos, preceptos, leyes y promesas. Si yo le creyera al mundo y no a su Palabra, entonces yo deshonraría mi fe.

Cabe mencionar que muchas de estas personas, cuando atestiguaron el gran milagro de nuestra restauración, quedaron boca abierta. Muchas de estas personas se convirtieron a través de este testimonio. Dios aprovechó mi lucha para alcanzar no solo a mi esposo, sino también a todos los que me rodeaban y no creían que fuese posible.

El día de hoy, por obra de Dios, me he convertido en consejera matrimonial de muchas de estas personas. Dios nos pone a prueba y nos prepara para cumplir sus designios. En aquel tiempo, yo no comprendía por qué estaba viviendo esta prueba tan dolorosa. Hoy comprendo que ningún mar en calma hace experto a un marinero.

Génesis 2.24. Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne
¡Bendito sea Dios por el sacramento del matrimonio! Di infinitas gracias a Dios por haber recibido tal gracia. Tenía para mi matrimonio la garantía de restauración por excelencia. Me arrepentí tanto por no habernos preparado como era debido… Toda esa preparación antes no significaba nada, pero en ese momento, representaba TODO.

A Dios en su infinita misericordia no le importó mi condición al llegar al altar. Pasó por encima de mi ignorancia y me obligó a valorar con todo mi corazón este precioso regalo.

Mi esposo en aquel entonces no tenía la más mínima idea de mi lucha. No hice nada por tratar de convencerlo de volver a casa, no mandé notitas de amor ni lo abrumé con llamadas. No fue necesario.

Mi esposo fue transformado a través del poder del sacramento del matrimonio que establece que él y yo somos una sola carne. Por la fuerza del Espíritu Santo y sin una sola palabra de mi boca, mi esposo fue convencido por Dios y orillado por Dios a regresar a su hogar.

Si tan solo comprendiéramos el poder de una esposa que ora, si pudiéramos creer que Dios puede hacer todo aquello que nosotros no podemos, estaríamos de rodillas en todo momento.

Alguna vez pensé que por más que orara, por más que deseara mi restauración, si mi esposo por voluntad propia no la deseaba también no sería posible. Me da mucho gusto poder decirles que por más renuente que fue mi esposo, mis oraciones lo alcanzaron.

Hoy me alegra que fuera así porque eso permitió que yo no me lleve ni un poquito de mérito y que el nombre de Dios sea exaltado y que el poder manifestado por el sacramento del matrimonio sea glorificado.

Mateo 7.5. ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano.
Cuando mi esposo se fue de casa no podía concebir lo que estaba sucediendo. Yo era perfecta, sin defecto alguno. ¿Cómo era posible que me abandonara si yo era buena? Él era tan malo, tan egoísta, tan arrogante, tan cruel, tan… Buscaba de tal manera una explicación lógica a nuestra ruptura que no me quedó de otra más que victimizarme escondiéndome detrás de todos los defectos de mi esposo.

Nuestra separación era demasiado dolorosa como para auto condenarme por lo sucedido. La soberbia nos impide reconocer nuestras faltas y nos incita a señalar siempre las de los demás. Sin embargo, poco a poco Dios me fue revelando las faltas que cometí dentro de nuestro matrimonio y me mostró cómo había sido yo quien orilló a mi esposo a irse de casa.

Muy pronto después de esto, dejé de orar solo por mi esposo y comencé a orar en plural. Me quedó muy claro que, si Dios iba a restaurar mi matrimonio, iba que comenzar por mí misma. Mi esposo tenía que regresar para encontrarse con una nueva y mejorada mujer para que nuestro matrimonio funcionara.

Recuerda que la mujer sabia edifica su casa y la necia con sus manos la destruye (Proverbios14.1). Mi transformación fue dolorosa, pero entendí que debía permitir al Señor corregirme, por mi bien y el de nuestro matrimonio. Dejé de juzgar a mi esposo por sus acciones y dejé en manos de Dios el porvenir. Esto tuvo un impacto muy fuerte en mi vida espiritual.

Después de que mi esposo volvió también me di cuenta de que muchas de las historias de terror que había en mi cabeza no eran reales. Hacerme responsable de mis propias faltas y poner en manos del Creador las de mi esposo me permitió vivir en paz y afianzó mi confianza en Él.

No importaba lo que hiciera o dijera, mi fe estaba puesta en las promesas de Dios y no en mi esposo.

Efesios 6.12. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales.
Esta es la parte más difícil de mi testimonio. Cuando hablo sobre este versículo y lo que significa, muchas personas dejan de escuchar. Muchos ni siquiera creen que Satanás exista y que su cometido sea atentar contra todo lo que sea creación de Dios.

El matrimonio es la representación perfecta del amor de Cristo. Del matrimonio cristiano se da la vida a las futuras generaciones, se preparan los futuros sacerdotes y laicos en la fe. El matrimonio es lo más cercano a la Eucaristía en donde Cristo se entrega por nosotros. Así mismo, los esposos se entregan el uno al otro en un amor Divino.

El matrimonio es sacrificio, entrega, perdón constante. El demonio aborrece este plan de Dios para la humanidad y va a luchar por destruirlo. Como cristianos enfrentamos esta realidad, que no es sacada de un cuento de fábulas, si no de la Palabra de Dios.

No importan las circunstancias, separados o bajo el mismo techo, el matrimonio no deja de ser. Entender que mi esposo no era mi enemigo y aceptar quién realmente lo es me permitió luchar de la manera correcta. Libré una lucha espiritual, no terrenal.

Detrás del escenario había fuerzas contrarias a Dios luchando por destruir mi familia, el regalo más preciado que Dios me concedió. Comprendí que la voluntad de Dios son familias unidas y felices, pero el demonio aprovechó nuestra debilidad para atentar contra ella.

Nosotros -al dejar a Dios fuera de nuestro matrimonio- dimos pleno acceso al enemigo para que tuviera parte viva en nuestras vidas. Con las rodillas moradas, con mucha fe y convencida de esto, por medio de una lucha espiritual, Dios tomó el control y recuperó lo que el enemigo quiso robarnos.

Mateo 18.21-22. Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Perdonar no fue fácil, fue un proceso. Nosotros no podemos perdonar por nosotros mismos, esto es obra del Espíritu Santo. Cuando hay tantas heridas abiertas es muy difícil perdonar de corazón, si no pedimos a Dios que actúe en nosotros. Si nuestro Señor nos lo pide, es porque es posible, mas es necesario pedir a Dios que sane nuestros corazones para lograrlo.

No olvido y no deseo hacerlo porque si no entonces, ¿cómo podré dar testimonio del gran milagro que Dios nos concedió? Lo recuerdo sin dolor para que me sea posible ayudar a los demás.

Perdonar me ha permitido voltear hacia atrás y recordar este proceso como la bendita prueba que vivimos con mucho dolor, pero a la vez como el más grande milagro de amor y misericordia jamás vivido.

Cuando mi esposo volvió a casa, no volvimos a tocar el tema, fue como si jamás se hubiese ido en primer lugar. Se le recibió en casa como al hijo pródigo, sin reclamos, sin indagar en detalles, sin explicaciones. Hubo fiesta y un gran gozo por tenerlo de regreso en nuestro hogar y en el cielo.

Hoy en día pertenecemos a un ministerio de restauración matrimonial, el mismo en donde yo recibí todo el apoyo necesario durante mi proceso. Brindamos apoyo y consejo a aquellos que viven hoy lo que nosotros vivimos ayer con la esperanza de que nuestro testimonio sea instrumento de reconciliación para muchos matrimonios en crisis. Doy gracias a Dios por su obra en nuestras vidas y por cumplir cada una de sus promesas para nuestra familia.

Si tú estás viviendo una situación similar en tu matrimonio, por favor no dudes que todo el posible para el que cree. Dios pasa por encima de toda dificultad para cumplir sus promesas. Es necesario buscar la conversión de corazón y vivir un proceso, pero te prometo que valdrá la pena. Te bendigo y me despido agradecida por esta oportunidad de compartir contigo un poco de mi experiencia.

Por Maricela Reyes
 
Articulo publicado en Aleteia.org. 25 de Abril de 2017
 

7 actitudes de mujeres de la Biblia que toda cristiana debería imitar.

7 actitudes de mujeres de la Biblia que toda cristiana debería imitar.

Conoce a algunas mujeres de la Biblia e inspírate.
 
Hoy, investigaciones afirman que las mujeres ya no son mayoría en las iglesias. Ellas han sido una gran bendición en la vida de la Iglesia del Señor Jesús. A pesar del gran machismo existente en la culturas descritas en la Biblia, encontramos a grandes mujeres que tienen mucho que enseñarnos.
En homenaje a las mujeres, me gustaría destacar siete actitudes de mujeres de la Biblia que todo cristiano debería imitar.
1 – La humildad de María, madre del Señor Jesús
María fue elegida entre diversas muchachas para ser la madre del Salvador. Tal vez eso pudiera haber llevado a su corazón cierto orgullo, cierta altivez. Ella, sin embargo, dijo algo que todos necesitamos decir diariamente a Dios: “Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada…” (Lc 1, 46-48). La humildad de María, al ponerse en las manos de Dios y cooperar con el Señor en su gran misión, es algo realmente fascinante, que todo creyente debería imitar.
2 – La perseverancia en la oración de Ana
Ana no había tenido una vida fácil. Su marido Elcana se había aprovechado de la tradición para tener dos mujeres (1 S 1,2). Además, Ana era estéril, algo considerado como una especie de maldición en su época. Era despreciada por la otra esposa del marido y cargaba una gran tristeza en su corazón a causa de todo eso (1 S 1,6). Pero no desistió de su objetivo de tener un hijo y no se entregó a la murmuración, por el contrario, fue perseverante en la oración y pudo decir: “”Concibió Ana y llegado el tiempo dio a luz un niño a quien llamó Samuel, «porque, dijo, se lo he pedido a Yahveh” (1 S 1,20).
3 – La valentía de María Magdalena para superar el pasado
La Biblia dice que María Magdalena era una endemoniada. Jesús expulsó de ella siete demonios (Lc 8,2). No tenemos muchos detalles del pasado de esa mujer, sin embargo, ciertamente no fue un pasado que agradara a Dios. Ella, no obstante, tuvo el valor de superar su pasado negro y ser una gran sierva del Señor Jesús. Ella es mencionada siempre en compañía de los discípulos, y fue la primera en saber y creer en la resurrección de Jesucristo (Mt 28,1). Fue una mujer que mostró una superación inigualable, un verdadero retrato de transformación que Dios opera en la vida de las personas.
4 – La sabiduría de Miriam para superar las crisis
El faraón había determinado que cada egipcio tenía que matar a los niños que nacieran de judías (Ex 1,22). Esa orden puso en riesgo la vida de Moisés, que aún era bebé. Pero la estrategia de la madre de Moisés y Miriam, su hermana, le salvó la vida. No fue fácil. Miriam mostró una sabiduría grandiosa al seguir al niño que fue colocado en una cesta en el río, convenciendo a la hija del faraón de entregar al niño a su propia madre, para que cuidara de él durante algún tiempo (Ex 2,7). Ella salvó la vida de Moisés con su forma sabia de lidiar con las situaciones adversas.
5 – El temor de Dios de la prostituta Raabe
Raabe es mencionada en la Biblia como prostituta. La Biblia no esconde lo que era ella. Pero tampoco esconde el cambio que estaba ocurriendo en su corazón. En el diálogo que tuvo con los espías de Israel, que ella escondió en su casa con el objetivo de protegerlos, ella nos muestra un grandioso temor de Dios: “Al oírlo, ha desfallecido nuestro corazón y no se encuentra ya nadie con aliento en vuestra presencia, porque Yahveh vuestro Dios, es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.” (Jos 2,11). Una gran confesión de temor al Señor. Considerando que Raabe vivía en medio de un pueblo pagano, la declaración de ella muestra cuán grande fue su temor. Tan grande fue su actitud frente a Dios, que formó parte de la genealogía de Jesucristo (Mt 1,5).
6 – El fervor misionero de la mujer samaritana
La mujer samaritana, como todos saben, tuvo un gran encuentro con Jesús cerca de un pozo donde fue a buscar agua (Jn 4,9). Jesús le revela los errores que ella había cometido en el pasado y el presente, y le dijo algo muy poderoso que impactó su corazón. ¿El resultado? El fervor misionero se apoderó del corazón de esa mujer, que llevó las palabras de Jesús a su pueblo, que no lo conocía: “La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?» Salieron de la ciudad e iban donde él.”
7 – El carácter de la mujer virtuosa sin nombre de proverbios
Los últimos versículos del libro de Proverbios están dedicados a alabar el carácter de una mujer que no tiene nombre, pero que bien podría ser alguna de las grandes mujeres de Dios, que existieron y existen en nuestros tiempos. Esa mujer presenta virtudes en el cuidado de la familia, del marido, de los hijos; en la forma honesta y dedicada con la que trabaja; en el ejemplo que da al prójimo, en la forma sabia con la que vive su vida, etc. Este texto muestra un resumen de las cualidades de las mujeres de Dios y cómo éstas son importantes.
Por Canção Nova
 
Articulo publicado en Aleteia.org. 22 de Abril de 2017.