El Notario

Sus funciones se rigen de acuerdo a lo establecido por el Código de Derecho Canónico. Cánones 482-491 y para la parte judicial es necesario a tenor del can. 1437

Todo tribunal necesita, de un notario, que tiene la misión de dar fe pública de la autenticidad de los documentos del proceso. La presencia del notario ( y su firma en cada momento) es necesaria para la validez de los actos, como criterio de objetividad y veracidad de los mismos.

El notario es particularmente útil en el caso del tribunal sea obligatoria en todos los actos procesales (cfr. DC art. 61-64). El notario debe estar presente en todos y cada uno de los actos del presidente, del ponente y del auditor, salvo en las reuniones de los jueces para deliberar acerca de sus decisiones (cfr. DC 248). Es decir, al transcribir las respuestas de las partes, de los testigos, de los peritos, etc.

El notario (hombre o mujer) no es un mero mecanógrafo a servicio del juez: el notario es un oficio autónomo al servicio de la verdad, independiente del juez, aunque armónicamente coordinado con él. El notario, de acuerdo con el juez, debe levantar acta de lo realmente sucedido, no de lo que el juez, unilateralmente, considere oportuno dejar constancia en las 5 actas de la causa: esa es la razón de la necesidad de la firma de los titulares de ambos oficios en las actas de cada prueba.